
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha cuestionado la «interferencia» del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien el lunes se pronunció en contra del asedio al que ha sido sometido las últimas semanas Jair Bolsonaro, señalando que exmandatario es perseguido «día tras día», sin haber cometido delito alguno.
Paradójicamente, los cuestionamientos de Lula llegan justo después de su visita a Argentina, en donde se reunió con la expresidente Cristina Fernández de Kirchner, hoy condenada por corrupción a un régimen de casa por cárcel; un hecho que el propio presidente brasileño ha criticado hasta la saciedad, señalando el supuesto carácter político que tuvo el juicio en contra de la líder peronista.
«La defensa de la democracia en Brasil es un asunto que compete a los brasileños. Somos un país soberano. No aceptamos injerencias ni tutelas de nadie. Contamos con instituciones sólidas e independientes. Nadie está por encima de la ley. Especialmente quienes amenazan la libertad y el Estado de derecho», escribió Lula en su cuenta de X, en clara alusión a las declaraciones de Trump en defensa de Bolsonaro.
La actitud de Lula da Silva no es nueva. En el pasado ha empleado el pretexto del lawfare (o uso político de la Justicia) para salir a abogar por políticos izquierdistas que han sido condenados por la Justicia, al incurrir en prácticas corruptas. Además del caso de Fernández de Kirchner, se recuerda la defensa del mandatario brasileño al expresidente ecuatoriano Rafael Correa, hoy prófugo de la Ley.
«De nuevo se produce el uso político de la Justicia, al servicio de las elites y de los intereses extranjeros. Ya vimos esa película», dijo Lula en 2020 a propósito del caso de Correa.