
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, aseguró este miércoles que el país dispone de “más de 5.000 misiles antiaéreos rusos Igla-S”, un arsenal que, según afirmó, tiene como finalidad “garantizar la tranquilidad del pueblo venezolano”. Las declaraciones se produjeron durante un acto televisado por el canal estatal Venezolana de Televisión (VTV).
“Cualquier fuerza militar del mundo sabe el poder de los Igla-S, y Venezuela tiene nada más y nada menos que 5.000 de estos sistemas en los puestos claves de la defensa antiaérea. Más de 5.000… el que entendió, entendió”, advirtió el mandatario chavista, en un mensaje que fue interpretado como una demostración de fuerza hacia Estados Unidos.
Entre 2006 y 2011, en plena época de altos ingresos petroleros, el régimen venezolano destinó más de 11.000 millones de dólares a la compra de armamento ruso, según datos de la agencia AFP. En esas operaciones se incluyeron 23 cazas Sukhoi 30MKV, ocho helicópteros Mi17, una docena de radares, misiles S-300VM y S-125 Pechora, además de material de defensa antiaérea. Más recientemente, Caracas ha incorporado ocho drones Mohajer, de tecnología iraní.
Las palabras de Maduro se producen en un contexto de tensión creciente en el Caribe, donde Estados Unidos mantiene un despliegue naval que Caracas interpreta como una amenaza directa y un intento de propiciar un “cambio de régimen”. Washington, por su parte, defiende la operación como una acción para frenar el narcotráfico procedente del país iberoamericano, algo que el chavismo rechaza de plano.
Maduro afirmó también que Venezuela cuenta con “equipos de simulación” y “miles de operadores de Igla-S” distribuidos “hasta en la última montaña, en el último pueblo y en la última ciudad”, con el objetivo de convertir al país en una “patria inexpugnable”.
Los misiles Igla-S, de fabricación rusa, están diseñados para derribar aeronaves a baja altura y son considerados uno de los sistemas portátiles más eficaces del mundo. A ello se suma que Venezuela posee también misiles Kh-31 —conocidos por la OTAN como AS-17 Krypton—, capaces de superar Mach 3 y atacar tanto radares como buques, lo que mantiene en alerta al Pentágono por su potencial desestabilizador en la región.
Ese mismo miércoles, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que notificará al Congreso si decide llevar las operaciones contra el narcotráfico a tierra, al considerarlo un asunto de “seguridad nacional”. Sin embargo, subrayó que, en su opinión, Washington ya cuenta con la autorización legal necesaria para actuar sin pedir permiso. El Departamento de Guerra confirmó ese día el octavo ataque contra presuntas narcolanchas —el primero en el Pacífico— desde el inicio de la actual operación antidroga, centrada principalmente en las aguas próximas a Venezuela.