Ciudad de México fue este sábado el epicentro de una oleada de protestas juveniles que, desde primera hora, reunió a miles de ciudadanos en más de 30 ciudades del país, donde se desplegó una bandera pirata inspirada en el anime japonés One Piece para denunciar la inseguridad, la falta de oportunidades y la precariedad laboral. La peculiar enseña ondeó a escasos metros del Palacio del Gobierno Nacional, rodeado por una fortificación de vallas metálicas de tres metros y bloques de cemento ordenada por la presidenta Claudia Sheinbaum ante el creciente malestar social.
El saldo oficial, confirmado por el secretario de Seguridad Ciudadana de Ciudad de México, Pablo Vázquez, asciende a 20 civiles y más de 100 agentes heridos, además de una veintena de detenidos tras los choques registrados en el Zócalo.
El movimiento, surgido en Internet y asumido por los 30 millones de jóvenes de la Generación Z, se ha convertido en un inesperado quebradero de cabeza para Sheinbaum. La presidenta llega a esta prueba debilitada por la presión del movimiento antinarco liderado por la alcaldesa Grecia Quiroz —viuda del asesinado Carlos Manzo—, por los maestros tradicionalmente cercanos a López Obrador y por las maniobras de Estados Unidos en su ofensiva contra los cárteles.
El icono de la tripulación de Monkey D. Luffy ha recorrido el mundo desde que prendió en Nepal y se replicó en países como Serbia, Marruecos, Filipinas o Perú. En México, la convocatoria impulsada por redes sociales irritó especialmente a Sheinbaum, que reaccionó levantando un auténtico muro defensivo alrededor del Palacio Presidencial. Días antes, manos anónimas habían pintado la palabra «narcoestado» en la estructura metálica que las autoridades instalaron para contener la protesta.
Durante la marcha capitalina, varios grupos intentaron trepar por la muralla y la Policía respondió desde la parte posterior con nubes de gas lacrimógeno, lo que encendió aún más los ánimos de los manifestantes. En paralelo, la misma bandera pirata coronó el Monumento a la Patria en Mérida y estuvo presente en concentraciones en Chiapas, Jalisco, Puebla, Oaxaca o Michoacán.
Sheinbaum trató de minimizar la protesta asegurando que se trataba de una «estrategia digital pagada desde el extranjero y vinculada a grupos de derecha con cuentas falsas y campañas coordinadas«. Sus palabras terminaron por añadir combustible al descontento. Personalidades como el expresidente Vicente Fox, el empresario Claudio X. González o Ricardo Salinas Pliego respaldaron públicamente las movilizaciones.
El asesinato del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo, y la errática reacción del Gobierno han abierto una grieta política que Sheinbaum no logra cerrar. El grito «Carlos no murió, el Estado lo mató» volvió a resonar entre los jóvenes que impulsan el llamado Movimiento del Sombrero, decidido a denunciar el avance del narco y la dejadez institucional.
Incluso Raquel Ceja, abuela de Manzo, marchó junto a ciudadanos de todas las edades desde el Ángel de la Independencia hasta el corazón histórico de la capital. Lo que nació como una convocatoria juvenil terminó transformándose en una protesta transversal.
La Generación Z, presente o no en cada manifestación, se ha situado hoy en el centro de la tragedia mexicana: el homicidio fue en 2024 la primera causa de muerte entre sus miembros, un reflejo demoledor del país que heredan y del hartazgo que ahora canalizan.