
Al menos 34 personas han muerto en el estado nigeriano de Kebbi, en el noroeste del país, tras ataques simultáneos perpetrados por hombres armados presuntamente vinculados al grupo yihadista Lakurawa, según han informado varios medios locales.
Los asaltos coordinados se produjeron en varias aldeas rurales de la región fronteriza y fueron ejecutados por combatientes de Lakurawa, un grupo terrorista que ha sido vinculado en ocasiones con redes extremistas del Sahel. Los atacantes irrumpieron en varios poblados con armas de fuego y abrieron fuego de forma indiscriminada, provocando una masacre que dejó decenas de víctimas civiles y obligó a muchos residentes a huir hacia la maleza para salvar la vida.
Testigos de las masacres han contado que los atacantes fueron casa por casa, disparando contra hombres, mujeres y niños sin distinción, y que varias viviendas fueron saqueadas o incendiadas durante la ofensiva. El impacto en la población local ha sido devastador, con familias enteras desplazadas y comunidades enteras desarticuladas por el terror.
El grupo Lakurawa es considerado una nueva amenaza dentro de la creciente inseguridad en el norte del país, donde bandas armadas y organizaciones yihadistas han multiplicado sus ataques en los últimos años, aprovechando las grandes zonas rurales con poca presencia estatal.
Tras los ataques, las fuerzas de seguridad nigerianas se desplegaron en la zona para proteger a las comunidades afectadas, auxiliar a los supervivientes y bloquear las rutas de escape de los terroristas, según las mismas fuentes. Las operaciones de rastreo para capturar a los responsables continúan en curso, añadieron.
El presidente nigeriano y su Gobierno han denunciado en varias ocasiones que la violencia en el país no solo incluye a grupos islámicos tradicionales como Boko Haram o su escisión el Estado Islámico – Provincia del África Occidental (ISWAP), sino también a nuevas bandas que también siembran el terror, como Lakurawa, que se han consolidado como un desafío a la seguridad regional.