La Real Academia Sueca de Ciencias ha concedido el Premio Nobel de Física 2026 al científico belga Francis Halzen por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico.
El galardón, dotado con aproximadamente un millón de euros, reconoce una trayectoria que ha permitido abrir una nueva vía para estudiar algunos de los fenómenos más extremos del universo. Halzen, nacido en 1944 en Tienen, Bélgica, planteó a finales de la década de 1980 una idea entonces revolucionaria: utilizar el hielo profundo del Polo Sur como gigantesco detector de neutrinos.
Aquella propuesta acabaría convirtiéndose en el Observatorio de Neutrinos IceCube, una instalación formada por sensores distribuidos a lo largo de aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo antártico.
Una nueva forma de observar el universo
Los neutrinos son partículas extraordinariamente difíciles de detectar. Se encuentran por todas partes y atraviesan constantemente la Tierra e incluso el cuerpo humano sin apenas interactuar con la materia.
Sólo en ocasiones excepcionales chocan con un núcleo atómico y producen una señal que puede ser registrada por instrumentos suficientemente sensibles.
La importancia de estas partículas reside en que pueden viajar enormes distancias a través del universo sin modificar prácticamente su trayectoria ni perder energía, lo que permite utilizarlas para estudiar directamente fenómenos cósmicos inaccesibles mediante otras técnicas.
Los científicos saben que existen en el universo auténticos aceleradores naturales de partículas capaces de generar energías hasta un millón de veces superiores a las que pueden producir los laboratorios terrestres.
Sin embargo, todavía quedan numerosas incógnitas sobre dónde se encuentran esos aceleradores y qué procesos ocurren en su interior. Los neutrinos de altísima energía pueden ofrecer respuestas.
Un kilómetro cúbico de hielo bajo la Antártida
Halzen presentó su proyecto en 1988. La elección de la Antártida no fue casual: el hielo profundo del Polo Sur es extremadamente transparente, presenta pocas interferencias externas y se encuentra en una región geológicamente estable.
Cuando un neutrino interactúa con un átomo del hielo genera un diminuto destello de luz. Los miles de sensores instalados bajo la superficie pueden detectar esas señales y reconstruir posteriormente la trayectoria y energía de la partícula.
El problema es que los neutrinos cósmicos de alta energía son extremadamente escasos. Por ello era necesario construir un detector de dimensiones gigantescas.
IceCube, terminado en 2011, ocupa aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo y se convirtió en uno de los instrumentos científicos más singulares construidos hasta la fecha.
Poco después de comenzar sus operaciones, los investigadores detectaron los primeros neutrinos de altísima energía y posteriormente pudieron demostrar que algunos de ellos procedían de regiones situadas muy lejos del Sistema Solar. Aquello permitió comenzar a utilizar estas partículas como una nueva herramienta para estudiar el cosmos.
«Ha allanado el camino hacia un nuevo tipo de astronomía»
Halzen es doctor por la Universidad Católica de Lovaina y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos. Además de desarrollar la idea original, ha ejercido un papel fundamental en la creación y dirección del amplio equipo internacional de científicos e ingenieros encargado de convertir IceCube en una realidad.
«Francis Halzen ha liderado un equipo internacional de investigadores e ingenieros que nos han proporcionado un instrumento fantástico. Su tenacidad y visión científica han allanado el camino hacia un nuevo tipo de astronomía», ha señalado Mark Pearce, presidente del Comité Nobel de Física.
IceCube continúa recopilando continuamente información sobre neutrinos procedentes de los lugares más violentos y energéticos del universo.
Los científicos esperan que estas observaciones permitan comprender mejor fenómenos todavía poco conocidos y, eventualmente, descubrir procesos cósmicos que hasta ahora han permanecido completamente ocultos.