
La persecución del grupo terrorista Hamás contra los habitantes de Gaza se recrudece ante el silencio de Occidente y la propaganda antiisraelí que domina el relato internacional. En los últimos días, numerosos testimonios de ciudadanos gazatíes han denunciado una ola de ejecuciones públicas y desapariciones forzadas ordenadas por el propio movimiento islamista tras la tregua alcanzada con Israel.
Según las declaraciones de un residente local difundidas en redes sociales, Hamás habría ejecutado entre 80 y 100 personas desde el inicio del alto el fuego, sin contar a los «desaparecidos» cuyos cuerpos aún no han sido hallados. «Eso es lo que sabemos, pero hay muchos más de los que no tenemos noticias», afirma el testigo, que describe un clima de miedo generalizado y una represión sistemática contra cualquiera que cuestione la autoridad del grupo.
Las víctimas, según el mismo relato, son acusadas de «traición» o de colaborar con fuerzas extranjeras, aunque en la mayoría de los casos se trata de civiles que expresaron críticas o que se negaron a apoyar las decisiones de los líderes islamistas. «Hamás dispara, secuestra y ejecuta a su propio pueblo. Muchos solo intentaban proteger a sus familias o denunciar los abusos», asegura.
La falta de instituciones judiciales y de mecanismos de control en la Franja ha dejado a los habitantes indefensos. «No hay tribunales, no hay derechos, no hay protección. Hamás hace lo que quiere y nadie lo detiene», denuncia otro ciudadano en un vídeo grabado en secreto y compartido en foros árabes.
Mientras tanto, el silencio de la comunidad internacional resulta ensordecedor. Organismos de derechos humanos apenas han reaccionado ante estas denuncias, y los principales medios occidentales han centrado su cobertura en acusaciones contra Israel, ignorando los crímenes cometidos por Hamás contra la propia población palestina. «¿Dónde están los medios de comunicación? ¿Dónde están todos los que se dicen pro-palestinos?», se pregunta el gazatí en un mensaje que refleja la desesperación de quienes viven bajo el yugo del grupo armado.
Los testimonios apuntan a que, tras el alto el fuego, Hamás ha intensificado su control interno, emprendiendo una campaña de «purga» para eliminar a cualquiera que considere desleal. Decenas de jóvenes, intelectuales y activistas locales han sido detenidos o ejecutados públicamente como ejemplo, mientras otros muchos permanecen desaparecidos.
Esta oleada de represión evidencia la doble tragedia que sufren los civiles gazatíes: por un lado, el conflicto con Israel, y por otro, la violencia impuesta por quienes dicen representarlos. Un sector creciente de la población pide al mundo que no mire hacia otro lado y exigen protección frente a las ejecuciones sumarias que Hamás lleva a cabo en silencio, lejos de las cámaras y de la indignación selectiva internacional.