PRIO advierte de que el aumento de la violencia ya no es coyuntural
La guerra deja de ser la excepción: el mundo bate el récord de conflictos desde 1946 y los últimos cinco años igualan dos décadas de muertes
La guerra deja de ser la excepción: el mundo bate el récord de conflictos desde 1946 y los últimos cinco años igualan dos décadas de muertes
Imagen del conflicto en Sudán. Europa Press.
Por Santiago Carranza-Vélez
6 de septiembre de 2026

Durante buena parte de las tres décadas posteriores a la caída del Muro de Berlín, Occidente se acostumbró a pensar que la guerra estaba convirtiéndose en una anomalía histórica. Las grandes confrontaciones entre Estados parecían relegadas al siglo XX, mientras la globalización, el comercio, las instituciones internacionales y la creciente interdependencia económica alimentaban la idea de que recurrir a las armas sería cada vez más costoso y excepcional. Las cifras recogidas por el Peace Research Institute Oslo (PRIO) dibujan ahora un escenario radicalmente distinto. Entre 2021 y 2025, más de 930.000 personas murieron directamente en conflictos armados, aproximadamente tantas como durante los veinte años anteriores en conjunto, mientras el número de enfrentamientos con participación estatal alcanzó en 2025 su máximo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El diagnóstico aparece en Conflict trends: A global overview, 1946-2025, un nuevo informe de PRIO elaborado por la investigadora Siri Aas Rustad a partir de los datos del Uppsala Conflict Data Program (UCDP). Su conclusión va más allá de señalar que el planeta atraviesa unos años especialmente turbulentos: los investigadores sostienen que se ha consolidado «una nueva línea base más elevada de violencia global». En otras palabras, ya no estaríamos simplemente ante la coincidencia excepcional de Ucrania, Gaza o Sudán, sino ante una transformación más profunda del sistema internacional, caracterizada por más guerras simultáneas, más actores armados, un regreso de los conflictos entre Estados y una creciente dificultad para separar la violencia política del terrorismo, las milicias y el crimen organizado.

El mayor número de conflictos desde 1946

El dato que mejor resume este cambio no es siquiera el número de muertos. En 2025 se registraron 65 conflictos armados en los que participaba al menos un Estado, seis más que el máximo alcanzado apenas un año antes y la cifra más elevada desde que comienza la serie histórica en 1946. El mundo lleva además once años consecutivos por encima de los 50 conflictos estatales anuales, una situación que sólo encuentra un precedente comparable a comienzos de la década de 1990, cuando seguían abiertas numerosas guerras heredadas de la Guerra Fría y la desintegración de Yugoslavia y la Unión Soviética desencadenaba nuevos enfrentamientos. Aquella oleada, sin embargo, terminó retrocediendo durante los años noventa y los primeros años del nuevo siglo. La actual, por el momento, no muestra la misma trayectoria.

Sólo los conflictos en los que intervino al menos un Estado provocaron en 2025 alrededor de 153.000 muertos directamente relacionados con los combates, la cuarta cifra más elevada desde el final de la Guerra Fría. A ellos se suman aproximadamente 14.500 fallecidos en guerras entre organizaciones armadas no estatales y otros 76.500 en episodios de «violencia unilateral», la categoría utilizada por UCDP para contabilizar los ataques deliberados de gobiernos u organizaciones contra la población civil. El balance total asciende así a unas 245.000 muertes directamente relacionadas con la violencia política durante 2025, lo que convierte al año en el tercero más sangriento desde 1989, únicamente superado por 1994 —marcado por el genocidio de Ruanda— y 2021, durante el momento más mortífero de la guerra de Tigray en Etiopía.

La propia metodología utilizada obliga, además, a considerar esas cifras como conservadoras. El UCDP contabiliza fundamentalmente las muertes que pueden vincularse directamente con combates, bombardeos o ataques armados, incluyendo tanto militares como civiles, pero deja fuera una parte enorme del coste humano de la guerra: quienes fallecen posteriormente por sus heridas, la destrucción de hospitales y redes sanitarias, el hambre, las enfermedades, los desplazamientos masivos o el colapso de las infraestructuras. Los 245.000 muertos no representan, por tanto, toda la mortalidad causada por las guerras de 2025, sino únicamente su núcleo más directamente verificable.

Los países ya no sufren una guerra: sufren varias al mismo tiempo

La nueva conflictividad mundial presenta además una característica que complica extraordinariamente cualquier intento de resolverla. Los 65 conflictos estatales registrados en 2025 tuvieron lugar en sólo 35 países, lo que significa que un número creciente de Estados alberga simultáneamente varios enfrentamientos independientes. Hasta aproximadamente 2012, el número de conflictos y el de países afectados evolucionaban de forma relativamente paralela; desde entonces, ambas líneas han comenzado a separarse. El planeta no tiene simplemente más Estados en guerra: tiene Estados donde distintas guerras se superponen unas sobre otras.

Myanmar y Pakistán llegaron a registrar cinco conflictos diferentes durante 2025, mientras Siria e India acumularon cuatro. Afganistán, Camerún, Mali, Nigeria y Yemen se encontraban involucrados en tres frentes diferentes. Israel aparece asimismo vinculado a cinco conflictos, sumando enfrentamientos internos e internacionales. De los 35 países afectados, sólo 16 sufrían un único conflicto, y el promedio se situó en 1,8 guerras por cada Estado incluido en la base de datos. Para PRIO, esta fragmentación refleja una transformación de los escenarios bélicos: gobiernos, insurgencias, organizaciones yihadistas, fuerzas extranjeras, milicias étnicas y grupos criminales pueden combatir simultáneamente dentro de un mismo territorio y responder a objetivos completamente diferentes.

La consecuencia política es evidente. En las guerras tradicionales, un acuerdo entre dos bandos podía al menos aspirar a cerrar el conflicto. En un Estado fragmentado en cuatro o cinco líneas de enfrentamiento, la paz entre dos actores puede dejar intactas otras guerras que operan sobre el mismo territorio. El informe señala que los grupos armados tienden además a dividirse, generar nuevas facciones y abrir nuevos frentes, mientras los Estados débiles pierden el monopolio de la violencia y las fronteras entre la insurgencia política, el terrorismo, la actividad de las milicias y el crimen organizado se vuelven cada vez más difíciles de distinguir.

Regresan las guerras entre Estados

Quizá el cambio más inquietante para el equilibrio internacional sea el regreso de una forma de guerra que durante décadas había sido relativamente infrecuente: los enfrentamientos directos entre países. UCDP contabilizó ocho conflictos interestatales durante 2025, el doble que en 2024 y la cifra más alta registrada desde 1946. La mayoría de las guerras posteriores a los años sesenta fueron civiles o conflictos internos internacionalizados; ahora, viejas disputas fronterizas vuelven a producir muertos y las crisis regionales comienzan a involucrar directamente a distintos Estados.

PRIO distingue tres grandes tipos. El primero es el retorno de las disputas territoriales congeladas. India y Pakistán volvieron a superar el umbral estadístico de conflicto armado en 2025 por primera vez desde 2020 debido a Cachemira, mientras también escalaron las tensiones entre Afganistán y Pakistán y entre Tailandia y Camboya. Son guerras independientes, pero comparten una tendencia: fronteras que durante años se habían mantenido bajo una tensión contenida vuelven a convertirse en escenarios de enfrentamiento armado.

El segundo foco se encuentra en Oriente Próximo, donde varios conflictos inicialmente separados están adquiriendo una dimensión regional. El informe identifica enfrentamientos entre Irán e Israel/Estados Unidos, Israel y Yemen, y Reino Unido/Estados Unidos y Yemen, además de las operaciones israelíes en Siria. PRIO advertía ya en su informe de que la acumulación de tensiones elevaba el riesgo de una guerra regional de mayores dimensiones, una dinámica que, según señala la propia publicación, ha continuado durante 2026. La tercera categoría corresponde a las invasiones convencionales, encabezadas por la guerra de Rusia contra Ucrania y por las operaciones israelíes sobre territorio sirio tras la caída del régimen de Bashar al Assad.

Ucrania, Gaza y Sudán: varias grandes guerras abiertas a la vez

La guerra entre Rusia y Ucrania sigue siendo uno de los principales motores de la mortalidad mundial. PRIO calcula aproximadamente 370.000 muertes directamente vinculadas a los combates entre 2022 y 2025, lo que convierte al conflicto en el más mortífero registrado individualmente por UCDP desde 1989. La guerra de Tigray había provocado previamente más de 288.000 fallecidos durante 2021 y 2022, mientras la guerra entre Israel y Gaza causó aproximadamente 70.000 muertes entre 2023 y 2025, según los criterios empleados por la base de datos.

Lo verdaderamente novedoso no es, sin embargo, la existencia de una guerra excepcionalmente sangrienta. En décadas anteriores los grandes picos de mortalidad mundial solían concentrarse en un único conflicto: Ruanda en 1994, Siria durante algunos de los años posteriores a 2011 o Afganistán en determinados momentos de la guerra. Desde 2020, varias guerras de enorme intensidad se desarrollan simultáneamente y se superponen en el tiempo. Tigray todavía producía decenas de miles de muertos cuando comenzó la invasión de Ucrania; Ucrania seguía abierta cuando estalló Gaza; y mientras ambas guerras continuaban, Sudán se transformó en uno de los mayores desastres humanitarios del planeta.

El caso sudanés es particularmente estremecedor. La guerra entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) produjo miles de muertos en combates convencionales durante 2025, pero el verdadero salto se encuentra en la violencia deliberada contra civiles. UCDP contabiliza aproximadamente 62.500 muertes de civiles por violencia unilateral en Sudán, de las cuales cerca de 60.000 estarían relacionadas con el asedio y la matanza de El Fasher, capital de Darfur del Norte, después de que las RSF tomaran la ciudad en octubre. Investigadores de Naciones Unidas han señalado que aquella campaña presenta características propias de un genocidio.

El impacto sobre las cifras globales es extraordinario. Las muertes por violencia deliberada contra civiles pasaron de aproximadamente 14.200 en 2024 a 76.500 un año después, el nivel más elevado desde el genocidio ruandés de 1994. También alcanzó un máximo histórico el número de actores responsables de este tipo de violencia: 55 gobiernos u organizaciones, de los cuales 17 eran Estados y 38 grupos no estatales.

África se convierte en el gran epicentro de la violencia mundial

El mapa incluido en el informe permite observar otro de los grandes desplazamientos geopolíticos de los últimos años. África concentró 29 conflictos estatales durante 2025, más que cualquier otra región del mundo y prácticamente el doble de los 15 registrados en el continente en 2013. Asia contabilizó 19; Oriente Próximo, 13; América, dos; y Europa, uno según la clasificación territorial empleada por UCDP.

La expansión africana no responde únicamente a la aparición de nuevos países en guerra, sino sobre todo a la multiplicación de conflictos dentro de Estados que ya eran frágiles. Etiopía, Sudán y la República Democrática del Congo albergan algunos de los escenarios más mortíferos, mientras el Sahel se consolida como un corredor de inestabilidad que atraviesa Burkina Faso, Mali, Níger y las zonas limítrofes de otros países de África occidental. A ello se suma una mezcla cada vez más difícil de separar entre insurgencias yihadistas, conflictos comunitarios, golpes militares, debilidad institucional y organizaciones armadas capaces de operar a través de las fronteras.

El retroceso territorial de Estado Islámico tampoco ha supuesto el final de este fenómeno. ISIS estuvo activo en 12 países durante 2025, su cifra más baja desde 2015, por lo que ya no explica por sí solo el crecimiento de los conflictos estatales. Pero otras organizaciones han ocupado parte de ese espacio. PRIO destaca particularmente la expansión de Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), la coalición yihadista ligada a Al Qaeda creada en 2017, que ya operaba en cinco países de África occidental durante 2025. El yihadismo no desaparece: se descentraliza y se incrusta progresivamente en Estados incapaces de controlar por completo su territorio.

África domina también otros indicadores. De los 75 enfrentamientos registrados entre grupos no estatales en todo el planeta, 34 tuvieron lugar en el continente, con Nigeria concentrando por sí sola 14. Además, 29 de los 55 actores identificados por UCDP como responsables de violencia unilateral contra población civil operaban en África. El informe retrata así un continente donde distintos tipos de violencia se acumulan sobre los mismos territorios y donde las instituciones estatales tienen cada vez mayores dificultades para imponer un monopolio efectivo de la fuerza.

Oriente Próximo bate su récord y América libra otra clase de guerra

Oriente Próximo alcanzó también su máximo histórico. Los 13 conflictos estatales registrados en 2025 constituyen la cifra más alta para la región desde 1946, mientras Asia llegó a 19, el mayor número desde 1994. El incremento de la violencia, por tanto, no puede atribuirse únicamente a África ni a una guerra concreta. Es una tendencia simultánea que afecta a varias regiones con dinámicas políticas completamente diferentes.

Las Américas constituyen una excepción parcial. Sólo Colombia y Haití aparecen clasificados como países con conflictos estatales, pero el panorama cambia drásticamente cuando se incorporan las guerras entre actores no estatales. El continente registró 32 enfrentamientos de este tipo durante 2025, prácticamente tantos como África. La naturaleza, sin embargo, es diferente: mientras en el continente africano son frecuentes los conflictos comunitarios, en América predominan cárteles, bandas y organizaciones criminales altamente estructuradas.

México representa perfectamente la complejidad del fenómeno. Las muertes directamente provocadas por enfrentamientos entre cárteles descendieron durante 2025, lo que contribuyó a reducir el número mundial de fallecidos en guerras no estatales. Sin embargo, los investigadores recogen evidencias de que la violencia criminal está desplazándose hacia otras prácticas menos visibles en esta estadística, como desapariciones, secuestros, tráfico ilícito y extorsión. Que haya menos cadáveres como consecuencia directa de batallas entre organizaciones no significa necesariamente que éstas sean más débiles o que la población viva más segura.

Haití representa el extremo opuesto. Las muertes vinculadas directamente al conflicto pasaron de alrededor de 200 durante 2024 a más de 1.200 en 2025, multiplicándose por seis en un sólo año. PRIO atribuye el deterioro al casi colapso de la autoridad estatal, la expansión coordinada de las bandas, el prolongado vacío político, la crisis humanitaria y una respuesta internacional tardía. El informe subraya además que, pese a la magnitud del desastre, la guerra haitiana continúa recibiendo una atención internacional muy inferior a la gravedad de la situación.

Trece grandes guerras abiertas simultáneamente

El UCDP establece una distinción importante entre conflicto armado y guerra. El primero requiere al menos 25 muertos directamente relacionados con los combates durante un año; la segunda categoría se reserva para aquellos enfrentamientos que superan los 1.000 fallecidos anuales. En 2025 había trece guerras de esa intensidad abiertas simultáneamente: Burkina Faso, República Democrática del Congo, Etiopía, Haití, Irán-Israel/Estados Unidos, Gaza, Mali, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Rusia-Ucrania, Somalia y Sudán.

Trece es también el máximo registrado en 2014, pero la comparación revela hasta qué punto ha cambiado la situación. Entonces las grandes guerras suponían aproximadamente el 30% de todos los conflictos armados del planeta; en 2025 representaban apenas un 20%, porque al mismo tiempo que regresaban las guerras de gran intensidad también se multiplicaban decenas de enfrentamientos menores. El mundo no está simplemente concentrando la violencia en Ucrania, Gaza o Sudán. Está produciendo simultáneamente más grandes guerras y más pequeños conflictos.

Una nueva era más peligrosa

El informe de PRIO no sostiene que el planeta atraviese el periodo más sangriento de la historia ni permite anunciar mecánicamente una tercera guerra mundial. Sus propios datos obligan a mantener perspectiva: los grandes conflictos de mediados del siglo XX alcanzaron niveles de mortalidad incomparablemente superiores y episodios como el genocidio de Ruanda continúan siendo excepcionales por su magnitud. Pero la serie histórica sí permite identificar una ruptura clara respecto a las décadas posteriores a la Guerra Fría.

Desde 2013, la violencia mundial se mantiene sistemáticamente por encima de los niveles observados durante buena parte de las dos décadas anteriores. Las guerras entre Estados vuelven a aumentar, antiguos conflictos fronterizos se reactivan, países enteros se fragmentan en varios frentes simultáneos y la separación entre guerra, terrorismo, milicia y crimen organizado se vuelve progresivamente más difusa. A ello se suma una violencia creciente contra la población civil y la incapacidad de las instituciones internacionales para cerrar una guerra antes de que aparezcan otras nuevas.

Por eso la conclusión más importante de Conflict trends: A global overview, 1946-2025 no está en Ucrania, Gaza, Sudán o el Sahel considerados por separado. Está en la acumulación. Los últimos cinco años han producido aproximadamente tantas muertes directas por conflictos como los veinte anteriores, 2025 ha batido el récord de guerras estatales de toda la era posterior a 1945 y los enfrentamientos directos entre países se encuentran también en máximos históricos.

Durante décadas, una de las grandes certezas de la política internacional occidental fue que la guerra convencional estaba retrocediendo lentamente hacia los márgenes del sistema. Los datos de PRIO sugieren que esa certeza ya no puede darse por sentada. La cuestión no es únicamente que el mundo tenga más guerras. Es que la guerra está dejando nuevamente de ser una excepción.

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