Los datos desmienten el alarmismo climático
Las muertes por fenómenos meteorológicos extremos caen a mínimos históricos en 2025 mientras se mantiene la presión del relato climático
Las muertes por fenómenos meteorológicos extremos caen a mínimos históricos en 2025 mientras se mantiene la presión del relato climático
Bañistas en la playa de la Malvarrosa.
Por Rebeca Crespo
29 de julio de 2025

Durante la primera mitad de 2025, el mundo ha registrado la cifra más baja de muertes vinculadas a fenómenos meteorológicos extremos desde que existen registros. Según los datos recopilados por el investigador Roger Pielke Jr., 2.200 personas han fallecido por causas climáticas en todo el mundo en lo que va de año, una cifra mínima en el contexto de una población global de más de 8.000 millones de personas.

El dato, verificado a partir de múltiples fuentes internacionales, confirma una tendencia a largo plazo: desde hace más de un siglo, la mortalidad por causas climáticas se ha reducido en más del 99%. Las cifras actuales contrastan con episodios puntuales del pasado, como el ciclón Nargis en el océano Índico en 2008, que provocó 138.000 muertes en un solo evento.

Además, la actividad ciclónica en el hemisferio norte ha sido inferior a la media. Entre el 1 de enero y el 21 de julio, la energía ciclónica acumulada (ACE, por sus siglas en inglés) en el Atlántico Norte se situó en sólo el 41% del promedio histórico 1991-2020, según los datos recogidos por el sistema internacional de seguimiento de tormentas.

Pese a estas cifras, los medios de comunicación y organismos multilaterales mantienen el foco en la supuesta intensificación de los fenómenos meteorológicos como justificación para acelerar la transición hacia el Net Zero, una agenda que plantea la descarbonización total de la economía global en nombre de la lucha contra el cambio climático.

Sin embargo, el uso continuado de hidrocarburos sigue desempeñando un papel decisivo en esta evolución positiva, al facilitar infraestructuras, servicios sanitarios y protección frente a riesgos naturales. A día de hoy, más del 80% de la energía mundial sigue proviniendo del carbón, el gas y el petróleo, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

A la vez, informes recientes muestran que el aumento del CO₂ atmosférico ha contribuido a la mejora del rendimiento agrícola y a la expansión de la vegetación, especialmente en zonas áridas. Esta tendencia, combinada con mejoras tecnológicas y logísticas, ha permitido una reducción sostenida de la pobreza extrema y del hambre a nivel mundial.

Pielke Jr. subraya que, a diferencia de lo que sostiene el discurso oficial, los riesgos climáticos no se han incrementado de forma proporcional al crecimiento económico o demográfico, y añade que “en ningún momento de la historia de la humanidad los seres humanos han estado menos expuestos a la muerte por causas climáticas”.

El investigador recuerda que esta evolución no puede atribuirse a una menor intensidad del clima, sino al aumento de la resiliencia y la capacidad de adaptación de las sociedades. El crecimiento económico, impulsado en gran parte por los hidrocarburos, ha sido clave en esa transformación.

Mientras tanto, el coste económico del Net Zero continúa creciendo, y países como Estados Unidos, India o incluso China muestran cada vez más reservas respecto a la financiación de objetivos climáticos multilaterales. La dependencia de subsidios públicos, el estancamiento tecnológico y las implicaciones sociales del cambio forzado de matriz energética están empezando a generar resistencias también en la opinión pública.

En este contexto, los datos de 2025 suponen un desafío directo al discurso catastrofista. La caída histórica de la mortalidad por causas climáticas, junto al descenso de la actividad ciclónica, pone en cuestión la urgencia de aplicar medidas económicas y sociales que implican un alto coste para las naciones y sus ciudadanos.

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