Investigan por corrupción al expresidente socialista del Gobierno de España
Padres malditos: de Biden a los Kirchner y Zapatero
Padres malditos: de Biden a los Kirchner y Zapatero
José Luis Rodríguez Zapatero y los Kirchner. Europa Press
Por Karina Mariani
24 de mayo de 2026

En El Padrino III Michael Corleone pasa gran parte de la película intentando legitimar su imperio,  buscando que el dinero manchado se lave por completo y que la siguiente generación sea intocable. Nombra a su hija Mary presidente de la Fundación Vito Andolini Corleone, la organización benéfica que lleva el nombre de su padre. No es spoilear, a esta altura del partido, decir que no es un gesto de amor, de confianza o de transmisión generacional. La lógica es otra: Mary es joven, inocente, sin manchas. Exactamente lo que Michael no es y necesita: una cara que la Iglesia y la sociedad puedan mirar sin incomodidad, para que los negocios de Michael puedan seguir funcionando en las cloacas. Michael elige a su hija. La pone adelante. La usa como escudo.

Es, en rigor, un esquema de lavado; da igual si lo que necesita lavarse es dinero o reputación. Mary es instrumental. Y entonces llega la bala. Iba para Michael. La recibe Mary.

Esa escena, que Coppola filmó como tragedia griega, es en realidad un documental. Porque lo que hace Michael Corleone con su hija es exactamente lo que hacen, una y otra vez, los padres mafiosos de la política real: construyen pantallas con sus hijos, los exponen y cuando la bala llega los hijos están parados justo ahí, en el lugar donde el padre los colocó.

Todo esto viene a cuento porque esta semana, entre todas las noticias que la presunta trama Zapatero brindó, se conoció cómo, según el expediente judicial, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, hijas del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, llevaban adelante una inefable empresa de comunicación llamada What the Fav, que no por pequeña, ineficaz y absurda, dejaba de recibir jugosísimos contratos. Si se hubiera tratado de una empresa de hipnosis sería un poco más creíble que alguien pagara semejantes sumas por servicios tan básicos.

Como lo mostraron decenas de artículos periodísticos, la afortunada empresita hacía página(¿s?) web, vídeitos corporativos, y ¿maquetaban? informes que otros redactaban. Perdón por tanta interrogación, pero es que cuesta entender bien, bien lo que hacían.

La cosa es que entre 2020 y 2025, la pequeña agencia facturó más de medio millón de euros a una sola empresa: Inteligencia Prospectiva, una sociedad constituida en Madrid, con un solo empleado en toda su historia, una facturación propia de 65.000 euros en cinco años y pérdidas acumuladas que superan el millón. Se ve que la empresa, a pesar de su bancarrota, no se andaba con chiquitas a la hora de contratar videos. Los gustos hay que dárselos en vida, que tanto.

Inteligencia Prospectiva es en sí misma un caso de antología. Se define en su web como firma «de vanguardia dedicada a la prospectiva tecnológica». Es un poco difícil comprender la misión de la empresa, o sea, no se entiende qué hace y tal vez sea por eso que tenía tan pocos clientes. Según la UDEF no tiene actividad real verificable.

Inteligencia Prospectiva fue fundada por otros hijos, en este caso de Domingo Arnaldo Amaro Rangel, un ingeniero venezolano con contratos de infraestructura con PDVSA, la petrolera estatal chavista que Estados Unidos acusa de ser instrumento de lavado de activos. También llama la atención del juez Calama otro vínculo: la misma empresa pagó más de un cuarto de millón de euros a Gate Center, el think tank de orientación china que gestiona el propio Zapatero. Casualidades.

Las cuentas de Laura y Alba, además, eran accesibles para su padre. El juez lo señala expresamente como elemento que refuerza la conexión entre los distintos actores del entramado. El esquema, según el juez Calama, es nítido cuando se lo mira completo. What the Fav la cara presentable: dos chicas jóvenes, una agencia amateur con facturación envidiable.

¿Qué necesidad había de, presuntamente, exponer a las jóvenes a un esquema tan visiblemente turbio? ¿No podrían haber quedado fuera de esta podredumbre?

Estas preguntas son incontestables para la gente normal.

El paralelo con el caso de Florencia Kirchner presenta los mismos interrogantes. En 2016, en el marco de una de las investigaciones por corrupción de sus padres, dos cajas de seguridad en el Banco Galicia a nombre suyo fueron abiertas por orden judicial. Se encontraron 4,6 millones de dólares en billetes. Más otro millón en una cuenta de ahorro. En total, 5,6 millones de dólares a nombre de la hija menor de Cristina Fernández de Kirchner y Néstor Kirchner, cuyo origen nadie pudo explicar de manera satisfactoria ante la justicia.

El juez federal Julián Ercolini determinó que el monto superaba ampliamente lo que Florencia podría haber recibido por la herencia de su padre, ya que esa fue la explicación que brindó la joven. Los billetes, además, provenían de bancos de Atlanta y Nueva York. La Corte Suprema convalidó el decomiso. Florencia era por aquel entonces una veinteañera que no aparecía en los papeles del entramado criminal familiar que finalmente puso a su madre en la cárcel. Pero era otra cosa: un repositorio. El lugar donde el dinero descansaba a nombre de alguien con menos razón aparente para ser investigada.

Era también la más frágil. La que menos se parecía a una operadora del poder. Que cinco millones de dólares inexplicables aparecieran en sus cajas fue una decisión cruel. Alguien la eligió y quedó parada en el lugar donde llegó la bala.

¿Necesitaba el matrimonio Kirchner, multimillonario y superpoderoso, usar así a su hija?

Los casos muestran el patrón del desamor.

En 2014, mientras Joe Biden ejercía como vicepresidente de Estados Unidos y supervisaba personalmente la política norteamericana hacia Ucrania, puso a su hijo Hunter, un hombre con infinitas carencias, traumas, adicciones y miserias, en un asiento en el directorio de Burisma Holdings, la mayor empresa privada de gas del país. Hunter, claro, no tenía cómo justificar su lugar jerárquico en una empresa del sector energético. Era una pantalla de su padre.

Las investigaciones del FBI se fueron sucediendo antes y durante la presidencia de Joe, alrededor de millones de dólares en el marco de un posible esquema de soborno durante su tiempo en la vicepresidencia, dejando a su hijo en medio. Biden fue perdiendo la lucidez durante su presidencia, sus últimos momentos en el sillón más poderoso del mundo fueron penosos. Pero los rastros de su miserable forma de parentalidad quedaron plasmados por siempre, en sus últimas horas como presidente, concedió a Hunter un indulto que lo cubre específicamente desde el año 2014: el año exacto en que comenzó el vínculo con Burisma.

El indulto, más que una absolución, fue una confirmación. Hunter Biden continuó su vida como un despojo vergonzoso.

El caso más brutal en sus consecuencias es el de los hijos de Bernard Madoff. El creador del mayor esquema Ponzi de la historia, que robó 65.000 millones de dólares a quienes confiaron en él, puso a sus hijos Mark y Andrew a trabajar en las entrañas de la estafa. Cuando Bernard cayó, arrastró toda la vida de sus propios hijos al fango. Nunca se encontraron evidencias que los incriminaran pero se transformaron en parias de la noche a la mañana, amenazados y sin lugar a dónde ir. El mundo que su padre les heredó se convirtió en una jaula. El 11 de diciembre de 2010, dos años después de la caída, Mark Madoff se ahorcó. Bernard Madoff murió en prisión a los 82 años. Vivió décadas de esplendor y sobrevivió a sus hijos que no llegaron a la vejez. Tampoco pudieron esquivar la bala.

La lógica que los une tiene su racionalidad perversa. Un hijo ofrece lo que ningún testaferro profesional puede: credibilidad afectiva. Nadie imagina que en su sano juicio, un padre pondría a su prole en una situación peligrosa. Aun cuando se elija la delincuencia como sistema de vida, se supone que ningún padre desea esa vida para sus hijos. La presunción de inocencia familiar opera como escudo.

Angurrientos con los resultados, estos padres parecen incapaces de ver que la pantalla no es infinita. Los procesos judiciales y el escarnio no distinguen entre el que diseñó el esquema y el que prestó la cara. Aun cuando no resulten inculpados, los hijos heredan ponzoña y la posibilidad de una vida digna les es arrebatada.

Para cerrar con el mismo dramatismo fílmico, cabe recordar que Michael Corleone lo entendió demasiado tarde. Puso a Mary de escudo y fue lo primero que perdió. Es imposible que los padres malditos ignoren las consecuencias de sus actos, son malos pero no tontos. La diferencia es que Corleone es un personaje de ficción. Cuando los mafiosos reales toman decisiones reales destruyen vidas reales. Las de sus propios hijos, primero que nadie.

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