
En Nueva Zelanda la vida ha llegado a ser tan incómoda y antipática que muchos de sus habitantes, llamados kiwis, se marchan del país austral, famoso por acoger el rodaje de El Señor de los Anillos y El Hobbit. Entre los huidos, se encuentra una de las personas responsables de haber destrozado la tranquilidad y la prosperidad de sus compatriotas: la socialista Jacinda Ardern, primera ministra entre 2017 y 2023.
Junto con su marido, Clarke Gayford, presentador de televisión, y su hija de seis años, se ha establecido en Sidney, a más de 2.200 kilómetros. Pero no en un barrio de clase media, ni siquiera de clase media aspiracional, sino en uno de lujo. La pareja ha comprado una vivienda de cinco dormitorios y tres baños por la que ha desembolsado 5,3 millones de dólares australianos, que equivalen a 2,6 millones de euros. El inmueble se encuentra en el barrio costero de Dee Why, gracias a lo cual disfruta de vistas panorámicas de la bahía de Sidney. La cantidad pagada supone el doble del precio medio de las viviendas en el barrio.
La pregunta es: de dónde ha sacado Ardern ese dineral, cuando toda su vida ha sido asesora de ministros laboristas, diputada y primera ministra.
A Ardern la hicieron célebre los medios de comunicación de izquierdas y los que lee la derecha pero no son de derechas, porque era la jefa de gobierno más joven del mundo, con 37 años de edad. El siguiente escalón en su fama fueron las medidas que tomó durante la epidemia de Covid, que elogiaron el director general de la OMS, Tedros Adhanom, y los filántropos Bill y Melinda Gates por haber salvado, según dijeron, miles de vidas.
Ardern se empeñó en un plan de Covid Cero, que le llevó a aislar Nueva Zelanda del mundo, hasta el punto de prohibir el regreso de los nacionales que se encontrasen fuera, a no ser que se sometieran a una durísima cuarentena. A finales de 2021, Ardern impuso la obligación de inocularse la llamada vacuna a amplios sectores de la población, como los trabajadores sanitarios, profesores, personal policial, militar y de fronteras y hasta niños. A quienes la rechazaban, se les despedía o suspendía de su empleo.
El malestar provocó protestas y acampadas en los jardines del Parlamento. El hartazgo de los kiwis con Ardern llevó a la derrota de su partido en 2023 y el triunfo de los conservadores. Convertida en jubilada con menos de 45 años de edad, ¿qué patrimonio ha podido amasar?
Como primera ministra cobró unos 285.000 euros brutos anuales y ahora percibe de las arcas públicas de su país una asignación anual vitalicia fijada por ley de 27.000 euros brutos, más coberturas de viajes y vuelos nacionales… y Australia se considera el extranjero.
Otro de sus ingresos en estos años recientes ha sido el habitual libro de memorias que suelen firmar los políticos cuando concluyen su mandato (o sus cónyuges, como Michelle Obama). Ardern publicó el suyo en junio de 2025, A Different Kind of Power: A Memoir, que se tradujo al español, seguramente porque en España la política neozelandese apasiona a una minoría selecta. La editorial Penguin no reveló el anticipo abonado a la socialista, aunque en el sector se calculó en unos 750.000 euros, de los que hay que restar los impuestos.
Su marido, el periodista Clarke Gayford, trabaja como presentador de televisión y radio. El programa más conocido que presenta, dedicado a la pesca y la naturaleza, se titula Fish of the Day, y se distribuye a nivel mundial por National Geographic. ¿Cuánto dinero aporta este canal a la sociedad de gananciales?
La parte principal de los ingresos de Ardern provienen de su incorporación al mundo elitista al el que los socialdemócratas critican cuando están en la oposición. En cuanto dimitió, entró en el circuito de las superestrellas: conferencias, el citado libro de memorias, tertulias y entrevistas, profesora en universidades para enseñar liderazgo (en Harvard y Oxford), miembro de fundaciones… Participa en la Christchurch Call, una alianza internacional dedicada a combatir el extremismo y el contenido violento en línea, a la que se han adherido (acto que supone soltar dinero) la Unión Europea, el Consejo de Europa, la UNESCO, Amazon, Microsoft, YouTube…
Y en estos ambientes oligárquicos y filantrópicos nadie mueve un dedo, ni pronuncia una palabra sin tener asegurado un pago descomunal.
Una prueba irrefutable de la corrupción de los gobernantes occidentales que alardean de democráticos son las mansiones que se compran cuando dejan el gobierno, como los Obama, los Blair, los Sarkozy, los Johnson y ahora los Ardern. Se aíslan del pueblo y pasan a codearse sólo con los muy ricos o, como les llamaría Pedro Sánchez, tecno-oligarca. Éstos ahora son sus vecinos… y quizás antes fueran sus jefes.