
Para hacer frente al nivel de contaminación, que supera 40 veces el límite de la OMS, Nueva Delhi está sembrando las nubes con yoduro de plata en un intento desesperado por provocar lluvia artificial que limpie el aire irrespirable que cubre la capital india. El primer vuelo experimental, realizado con drones cargados con bengalas químicas, se llevó a cabo el pasado jueves y, según anunció la ministra principal de la ciudad, Rekha Gupta, «Delhi experimentará su primera lluvia inducida el 29 de octubre».
El proyecto, inspirado en la técnica ideada en los años cuarenta por el químico estadounidense Vincent Schaefer, busca imitar un proceso natural: al dispersar partículas con estructura similar al hielo dentro de las nubes, se estimula la formación de cristales que favorecen las precipitaciones. Esta práctica, conocida como siembra de nubes, se ha utilizado para combatir sequías, reducir incendios y, como en este caso, mejorar la calidad del aire.
La capital india, con más de 30 millones de habitantes, encabeza desde hace más de una década la lista de las ciudades más contaminadas del planeta. El año pasado sus niveles de polución aumentaron un 6%, y esta semana la concentración de partículas PM 2,5 —las más peligrosas para la salud— alcanzó cifras 40 veces superiores a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.
El actual episodio de contaminación coincide con la festividad del Diwali, una de las celebraciones más multitudinarias de la India, símbolo del triunfo de la luz sobre la oscuridad. Aunque las autoridades prohibieron hace cinco años los fuegos artificiales tradicionales y limitaron el uso de “petardos verdes”, supuestamente menos contaminantes, las restricciones han sido ignoradas: millones de explosiones de pirotecnia liberaron al aire óxidos de azufre, nitrógeno y metales pesados, empeorando aún más la ya crítica calidad del aire.
A esta situación se suma la quema estacional de rastrojos por parte de los agricultores en los estados vecinos, una práctica que cada año convierte los cielos del norte de India en una nube tóxica. Las medidas habituales para mitigar el problema —como rociar agua en las calles o restringir el tráfico— han demostrado ser insuficientes, de ahí que el gobierno local haya decidido recurrir por primera vez a la manipulación climática.
El método de Schaefer, que también ha perfeccionado China durante las últimas dos décadas, consiste en disparar proyectiles o enviar drones que liberan sales de yoduro de plata en la atmósfera. El país asiático ya lo ha utilizado con éxito en grandes eventos como los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008, cuando consiguió despejar los cielos para la ceremonia de inauguración, y más recientemente en regiones áridas como Xinjiang, donde, según las autoridades chinas, las lluvias aumentaron un 4%, generando más de 70.000 metros cúbicos adicionales de agua.