
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha intensificado dramáticamente la presión sobre Irán mediante una advertencia pública en la que combina ultimátum diplomático con despliegue militar. Trump ha confirmado que una «armada masiva», liderada por el portaaviones USS Abraham Lincoln y descrita como más grande que la enviada anteriormente a Venezuela, se encuentra en ruta hacia el Golfo Pérsico, lista para actuar si Teherán no accede a negociar un acuerdo sobre su controvertido programa nuclear.
El presidente republicano usó su plataforma en Truth Social para exigir a las autoridades iraníes que «vengan a la mesa de negociaciones» y alcancen un pacto «justo y equitativo» que incluya la renuncia a armas nucleares. Trump enfatizó que el tiempo se está acabando y que, si Irán no responde, el próximo ataque sería «mucho peor» que la operación denominada Midnight Hammer, en la que el año pasado Estados Unidos alcanzó instalaciones nucleares iraníes con bombas especializadas.
En sus mensajes, Trump subrayó que la flota está «lista, dispuesta y capaz de cumplir rápidamente con su misión, con rapidez y violencia, si es necesario», evocando el tono de firmeza y amenaza militar.
Este endurecimiento de la política estadounidense coincide con un aumento de la presencia militar en la región, parte del refuerzo estratégico de fuerzas en Oriente Medio iniciado en enero de 2026, con buques de guerra, unidades aéreas y sistemas defensivos desplegados en respuesta a las tensiones persistentes con Irán.
Desde Teherán, el régimen ha rechazado las amenazas y defendido su derecho a la defensa, aunque ha expresado su disposición al diálogo bajo condiciones de respeto mutuo. Varios gobiernos regionales, incluidos Arabia Saudí, Catar y Egipto, están intentando mediar para evitar una escalada que podría desestabilizar aún más la zona y afectar gravemente los mercados energéticos y la seguridad regional.