
La persecución anticristiana que devasta el África central volvió a mostrar este fin de semana su rostro más brutal. Un grupo armado vinculado al Estado Islámico —la milicia ADF, rebautizada por el propio Califato como Estado Islámico en África Central (ISCAP)— lanzó un ataque coordinado este sábado contra el hospital católico de Byambwe, en el territorio de Lubero, al noreste de la República Democrática del Congo.
El asalto, según agencias internacionales, dejó al menos 17 cristianos asesinados: once mujeres —algunas de ellas lactantes— y seis hombres. Varias de las mujeres fueron degolladas dentro de la maternidad, un acto de barbarie que demuestra, una vez más, que el objetivo del grupo no es militar ni estratégico, sino religioso y civilizatorio. Otras fuentes regionales hablan de hasta 30 asesinatos, pero hasta el momento GACETA ha podido comprobar 17.
El horror que dejaron los yihadistas dentro de la maternidad del hospital católico supera incluso los estándares de violencia habituales en la región. El administrador local de Lubero, el coronel Alain Kiwewa, confirmó a medios internacionales que «las mujeres que estaban amamantando fueron brutalmente asesinadas y halladas con la garganta cortada en sus camas del hospital», una escena de crueldad que revela la naturaleza genocida de la ofensiva islamista.
Desde la diócesis, el misionero padre Giovanni Piumatti, que sirvió en Butembo-Beni, expresó el desgarro de la comunidad: «Es horripilante y desgarrador presenciar y escuchar semejantes cosas». Sus testimonios coinciden en un punto: el ataque no fue un acto de guerra, sino un mensaje de exterminio dirigido contra los cristianos que sostienen la vida en una región abandonada por el Estado y por la comunidad internacional.
El hospital, dirigido por las Hermanitas de la Presentación, quedó parcialmente destruido. También fueron quemadas viviendas y estructuras próximas. Testigos relataron que los terroristas irrumpieron de madrugada y actuaron con extrema violencia contra pacientes, personal sanitario y vecinos que se refugiaban en el recinto.
Lubero es hoy uno de los epicentros de la guerra no declarada que el Estado Islámico libra contra las comunidades cristianas del este congoleño. Durante años, la milicia ADF —de origen ugandés pero absorbida por la estructura del Califato— ha operado con impunidad en esta zona montañosa, aprovechando la falta de presencia estatal, el colapso de infraestructuras y la inestabilidad política.
El ataque forma parte de una ofensiva más amplia que las autoridades congoleñas y organismos internacionales vienen registrando desde hace meses: aldeas arrasadas, templos incendiados y padres de familia asesinados por negarse a abandonar su fe. La masacre de Byambwe se suma a una larga lista de crímenes que rara vez reciben atención internacional, pese a su dimensión abiertamente genocida.
La masacre del hospital católico de Byambwe no es un episodio aislado: es otra advertencia de que el yihadismo avanza donde la comunidad internacional se retira y donde los cristianos quedan desprotegidos.