De la maleta de Delcy a la maletilla con la muda de ir a Soto del Real. Qué puñeteros son los detallitos. Paseíllo de Ábalos con pena de maleta y luego, al llegar a nuestro Alcatraz, la imagen de una furgoneta de la Guardia Civil con los cristales tintados. Imagen de eficacia y poder, nao del Estado de Derecho que se impone, que vence, que hace justicia. La Guardia Civil y nuestros jueces. ¿Lo veis como funciona? ¡Todos a Debod!
Al que había que llevar ahí era a Puigdemont, pero no se pudo y la justicia española ha decidido, porque se ha decidido, que ya está bien con este gobierno que nació con legitimidad de sauna vendiendo a España como a chapero por módico precio. Donde no había división de poderes se crea una división existencial, encarnizada: el judicial contra el ejecutivo, guerra declarada dentro del Estado.
Yo ya me empiezo a creer que aquí peligra Sánchez porque algo nuevo sucede. En la justicia hay constantes filtraciones y sin embargo, condenan al Fiscal General, y Ábalos se convierte en el primer diputado del 78 en dormir tras los barrotes, con lo que ha habido…
Con su impronta de kie, de jefe del maco, ¿hará Ábalos política en el módulo? ¿fumará en el patio de la cárcel? ¿le dará un ademán patibulario a esos pitillos extraparlamentarios que hacían nuestras delicias cuando Vito Quiles le ponía el micrófono?
Hemos visto quizás mil películas sobre la entrada en la cárcel («Dese la vuelta. Tosa»), pero pagaríamos por ver mil una con Ábalos. No por crueldad (yo siento pena, como ha dicho Miss Asturias), sino por interés dramático y humano.
Se culmina el ciclo narrativo a lo Scorsese: tras el auge estrepitoso, la caída de los personajes; cuando la banda de italianos empieza a excederse y se pasan de ambiciosos, engañan a sus mujeres, abusan de la coca y dejan demasiados cabos sueltos. Entonces comienzan las traiciones, el sálvese quien pueda que nunca se expresaría así sino como maricón el último.
Es la hubris que los vuelve locos, el poder, la pasta, el miedo, pero en el caso de Ábalos, especialmente, parece que además han localizado el nervio; era suficientemente importante, está lo suficientemente solo. Le presiona el Supremo, comunica el Gobierno y ya ha proferido la gran amenaza cucurbitácea: «abrir el melón».
No sólo han metido en la cárcel a un diputado. Han metido en la cárcel a un macho español. Todo muro, cualquier muro, se le hará Bukele. Pronto vendrán los mortificantes recuerdos de las sobrinas, de las ex… A este hombre, que solo hay que verle paseando al perro para saber que está hecho para la calle. le piden más de veinte años de cárcel. Toda una invitación a revisar sus posiciones. ¿Aguantará el tirón? ¿Estudiará derecho? ¿Leerá a Li Po?
Lawfare no hay, pero no se puede negar, como dirían en los audios, que La Ley está enchochada.