Casandra era facha
Casandra era facha
Por Carlos Esteban
12 de marzo de 2026

Al final la vida consiste en que los fachas siempre tenemos razón.

Sí, es un meme hiperbólico, como pedirle a Trump una opinión de cualquier cosa, pero ustedes me entienden: ya aburre. Uno se cansa de tanta victoria, sobre todo cuando parece no cambiar nada en absoluto y tiene el agridulce sabor de un «te lo dije» que llega tarde.

Ahora nos cuenta Úrsula Gertrudis que deshacerse de la energía nuclear en Europa ha sido «un error estratégico», que es como decir que clavarse un tenedor en la mano es una «terapia errónea». Porque no, no ha sido la consecuencia de un mal cálculo, sino una entusiasta cesión al fanatismo ecologista.

Oigo esta mañana unas declaraciones del político conservador Rory Stewart. Rory, de vivir en España, sería del PP, ala liberal. Ha sido durante años campeón contra el peligroso «populismo de derechas» que percibía creciente en Gran Bretaña, no perdiendo ocasión de celebrar la nueva diversidad británica como es de rigor en un político respetable. Ahora dice esto en una entrevista: «A medida que Gran Bretaña se vuelve menos étnicamente británica, ¿deberíamos aceptar el hecho de que nuestra política exterior estará determinada por los nuevos inmigrantes y sus vínculos con sus países de origen?». Rory, corazón, ¿y se te ocurre AHORA?

Uno puede volverse a cualquier asunto de actualidad, qué sé yo, el covid, la vacunación, lo woke, la teoría de género, el feminismo radical, la demografía. Tarde, a regañadientes, tras una enconada, prolongada y hasta violenta negación, pataleando, en voz baja, acaban teniendo que reconocer que los fachas teníamos razón.

Pero —y esto es lo que hace que me lleven los demonios— nada cambia en el tácito ranking de vacas sagradas de la opinión. El gurú consagrado dice ahora Diego donde hace años dijo «digo» con rotundidad dogmática pero, de alguna forma, cae de pie, como si nunca hubiera dicho otra cosa en su carrera o antes «no se podía saber». Y los que llevábamos años diciendo lo que ahora es súbitamente conocimiento común seguimos siendo parias desdeñables, exiliados de toda compañía civilizada. Se diría, incluso, que están esperando a que sea demasiado tarde para reconocer la realidad, y así figurar entre los visionarios sin cabrear a sus amos.
El problema que repentinamente se reconoce como real, por lo demás, ya se ha hecho demasiado grande para eliminarlo. Solo queda resignarse y llorar sobre la leche derramada.

En mi juvenil ingenuidad, hubo un tiempo en que pensé que el acceso a una información ilimitada con la llegada de Internet abriría los ojos de la abrumadora mayoría; no me daba cuenta de que equivocarse con los que mandan es mucho más rentable, en todos los sentidos, que acertar con lo que no tienen dónde caerse muertos. También los ilustrados del XVIII estaban seguros de que cuando todo el mundo supiera leer y tuviera acceso al conocimiento, el planeta sería un paraíso de consenso.

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