De yihadista se sale
De yihadista se sale
Por Hughes
12 de noviembre de 2025

Era el día pintado para un titular así: «Hasta el de Al-Qaeda es mejor recibido que Pedro Sánchez». En la Casa Blanca extendieron la alfombra para Ahmed al-Sharaa, también conocido (o quizás tampoco conocido) como Mohamed al-Jolani, el presidente interino de Siria, porque no cabe otra cosa que interinidad allí.

En la Casa Blanca le hicieron entrar por una puerta lateral, pero Trump le trató como a todos los demás. «Es un líder fuerte, un tipo duro, viene de un lugar difícil. Me cae bien, me llevo bien con él», que es lo que Trump dice de todo el mundo.

La responsable de comunicación, Karoline Leavitt, trató de poner en contexto estas palabras como «esfuerzos diplomáticos que el presidente hace para reunirse con cualquier persona para conseguir la paz».

Pero tampoco es que a Trump se le viera sufrir. Le pone buena cara a todo el mundo, a Xi Jinping, a Kim Jong-un, e incluso a Putin, que recibió al-Sharaa en Moscú unos días antes con gran apretón de manos. ¿A que eso ustedes no lo han visto?

Podrían decir que es porque Putin no vende humanitarismo occidental. Pero es que Trump tampoco.

Hemos llegado a un punto en el que los medios alternativos de EEUU (youtubers e influencers) son más antitrump que los medios tradicionales.

Hubo un titular estupendo: «De yihadista a estadista». Porque como dijo Trump, «todos tenemos un pasado difícil»; al-Sharaa lideró una franquicia (modelo de negocio americano) de Al-Qaeda y se ha llegado a decir que fue decapitador por una foto que circuló de alguien con aspecto parecido (todos los yihadistas se parecen) sujetando unas testas goteantes, pero al parecer él no decapitaba directamente.

Camino de Damasco, dónde si no, Al-Sharaa se hizo «yihadista liberal» y comenzó su cambio de imagen. Se cortó la barba y se la dejó como un coctelero moderno, aunque un líder kurdo dijo que daba lo mismo, como si se dejaba flequillo, que su gobierno había sido «retroceder 1400 años».

Antes de ser recibido por Trump, en EEUU le retiraron de la lista de terroristas globales y le pusieron a echar unas canastas con unos militares; luego un traje para que el «luchador» quedara presidencial (lo de Zelensky al revés) y, lo más importante, se hizo la vista gorda con alguna que otra atrocidad sobre las minorías drusas, alauitas y cristianas.

Trump no vende ideales ni retórica humanitaria. No promete una democracia perfecta en Siria ni operar a sus trans. Parece que aspira a retirar tropas, a que quede un país donde no se maten mucho, todo lo unitario que permita Turquía (de quien nadie habla) y dispuesto a integrarse en los Acuerdos de Abraham, su propuesta de estabilidad para la región. Trump no es Obama, ni es Bush. Sólo habló de poner a trabajar a Siria, de retirar sanciones e invertir. Lo extraño sería que le hiciera ascos al capataz puesto allí y le pidiera pedigrí democrático. Un apretón de manos con el exyihadista es algo perfectamente trumpiano.

Por mucho que se empeñen, Trump no es neocon, no se percibe la agresividad imperial de décadas atrás, y tampoco es un aislacionista que vaya a abandonar los intereses del imperio de un día para otro. Ha sido definido como un jacksoniano. Quizás algo a medio camino.

Salvo unos pocos, muy pocos, que sí saben de esto, sobre Siria hay (habemos) dos tipos de personas: las que no saben absolutamente nada y las que no saben absolutamente nada pero dicen que es culpa de Israel. No haría yo mucho caso.

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