Democracia blindada
Democracia blindada
Por Hughes
10 de diciembre de 2025

La semana pasada fue noticia un joven alemán con aspecto de Chopin que dio un discurso en la AfD imitando a Hitler en sus gestos y entonación. Eichwald, así se apellida, provocó cierto escándalo y fue expulsado, pero lo más llamativo (estamos ya un poco cansados de Hitler) fue la reacción de un miembro del público, otro joven del partido, que entre divertido e indignado exclamó: «¡Tienes que ser un infiltrado de la República Federal Alemana!».

Más revelador que el enésimo recurso al nazismo era la interiorización de que el Régimen es enemigo del partido.

Esto es algo constitucional en Alemania. Tienen el concepto verfassungsfeindlich, «enemigo de la Constitución» y esa tensión se agudiza con el ascenso de la AfD, la militarización y el lenguaje prebélico.

La sensación la cuenta el filósofo Hans-Georg Moeller, alemán que al volver a su tierra la siente inquietante y siniestra, unheimlich.

Moeller observa que impera allí un Estado de propaganda (algo sabrá porque vive en China). Es tal el comecocos que cuando va al médico para unas pruebas, mientras se hace el escáner le ponen un hilo musical interrumpido por noticias sobre Rusia.

Moeller cuenta, como ejemplo, el cambio total en los medios de la connotación del verbo «entender» y de la palabra versteher, entendido, el que entiende. De positiva pasa a lo opuesto con la expresión Putin-versteher, no solo «el que entiende a Putin», sino «el que empatiza con Putin». Esto se extiende a Rusia, a China y, aventuro yo, a Trump. Ser un Trump-versteher. Entender deja de ser algo bueno y se convierte en una forma de inmoralidad o corrupción y a la figura sospechosa del versteher se opone la tranquilizadora del experto (experte).

El historiador Timothy Garton Ash, una de esas ubicuas firmas del globalismo opensosáyeti, escribía hace poco en El País un artículo sobre la necesidad de blindar «nuestras democracias» contra el «populismo». Y partía de esa naturaleza defensiva (o beligerante) de la democracia alemana, que se conoce a sí misma como «democracia militante».

Garton no es partidario, a estas alturas ya, de ilegalizar a la AfD, sería contraproducente, pero sí de fortalecer las democracias europeas por si acabasen ganando, y para ello ofrece uno consejillos con los que blindar la democracia, a saber: el sistema electoral proporcional que los aburra en coalición, un solo organismo electoral (no el de EEUU), fuertes medios de comunicación públicos, vigilar la propiedad de los privados, poder judicial independiente y administración neutral, que entiende como jueces y burócratas capaces de atacar al presidente si fuera Trump, y finalmente, una «monarquía constitucional» para quitarles la nación de la boca a los «populistas antiliberales».

España, si nos fijamos, lo tiene casi todo. Somos una democracia blindada (albricias) y no se explica entonces cómo ha podido salirnos un Pedro Sánchez, aunque sí se nos hace familiar la paranoica cercanía del Consenso Militante.

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