Democracias socialistas
Democracias socialistas
Por Rafael Nieto
16 de septiembre de 2026

Al contrario de lo que piensan la mayoría de sedicentes demócratas, el principal peligro para las democracias occidentales no es «el fascismo» (suponiendo que exista), sino el relativismo. Si todas las energías y presupuestos públicos que se dedican actualmente a «combatir el fascismo» (sic) se dedicasen a impedir el avance descontrolado de esa lacra para la Humanidad que es el sucio relativismo moral, no solamente las democracias estarían mucho más seguras sino que, lo que me parece aún más importante, las naciones serían infinitamente más justas y prósperas, y por tanto las personas serían más felices.

Porque, a poco que uno ponga la lupa sobre la cuestión, no otra cosa que el sucio relativismo moral, llevado a la estrategia electoral sistémica, es la llamada «ley de nietos» que intenta perpetrar en España el PSOE, o la ilógica y ridícula realidad política de Suecia que ha dado este pasado domingo la victoria a los socialdemócratas gracias, principalmente, a los inmigrantes. Ambas realidades trasgreden y violentan nada menos que el concepto de soberanía nacional, y por lo tanto adulteran gravísimamente no sólo el sistema de representación democrático, sino también la propia identidad y configuración social de las naciones. Es un engaño y un fraude a la ciudadanía propia de un país envuelto, como siempre hace el mundo progre, en el papel de celofán del buenismo.

La «ley de nietos», ahora detenida y puesta en entredicho por el Tribunal Supremo para enfado de Sánchez y sus mariachis, es probablemente el mayor intento de adulteración de la democracia que hemos visto en España en las últimas décadas. Y su raíz, evidentemente, es el relativismo, porque trata de disolver y desfigurar el sujeto de la soberanía nacional con la excusa de una «universalización» de derechos para (¡de nuevo!) condenar una dictadura finiquitada hace más de medio siglo. Si el PSOE ha venido utilizando el franquismo para esconder y disimular sus fechorías y corruptelas, ahora lo utiliza para llenar la bolsa del voto CERA con los sufragios de supuestos familiares de supuestas víctimas de una supuesta represión que casi nadie puede demostrar.

Como muy oportunamente apuntaba ayer José Javier Esparza en este mismo periódico, «una democracia a la que se le cambia el demos, que es el sujeto constituyente, no es una democracia». Pero además, ese sujeto constituyente no se cambia ni se adultera porque exista un cambio real que lo justifique, sino por una razón completamente espuria, por otro camelo retórico con el que la izquierda pretende «ganar», en el siglo XXI y mediante trampas administrativas y electorales, la guerra que perdieron sus abuelos el siglo pasado. Tienen que volver a dejar claro (por si alguien todavía no se había enterado) que el franquismo fue una dictadura, que hubo personas que se marcharon de España por sufrir (supuestamente) una represión, y que sus descendientes tienen derecho a elegir al próximo Gobierno; sobre todo, si se sabe de antemano que van a votar masivamente al PSOE.

De igual modo, quienes han elegido el próximo Gobierno de Suecia no son los suecos, como ha venido siendo lo normal, sino una marea incontenible de extranjeros que nos quieren hacer creer que «se sienten suecos», se preocupan por dicha nación europea y, por tanto, tienen derecho a elegir a sus representantes políticos. No sería discutible si esa población extranjera se integrase en la sociedad sueca, acatase sus leyes y principios de civilización, pagase impuestos de manera entusiasta (¿no dice la izquierda que el auténtico patriotismo consiste en eso?), etc. Pero ya hemos visto que no es así, y que al revés: la inmigración masiva, y especialmente la de origen musulmán, ha hecho de Suecia el tercer país más peligroso de Europa: sólo en 2024 se produjeron más de 300 atentados con explosivos.

Obviamente, los musulmanes no quieren contribuir a la prosperidad de Europa, sino destruirla. Los moros que dicen, al ser entrevistados en las calles de la invadida Ceuta, que «Pedro Sánchez es el mejor presidente» y expresan su voluntad de que siga en el poder, no lo hacen por amor a España, sino por odio a los españoles. Solamente los ciegos y los tontos podrían no ver que esto es así. Si la «ley de nietos» sale finalmente adelante, no tendremos solamente un pucherazo electoral más en la negra historia criminal del PSOE, sino el principio del fin de la democracia liberal parlamentaria tal y como la habíamos conocido. Aunque esto, me imagino que a la mayoría de los sedicentes demócratas les importará un pimiento.

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