Despilfarro socialista
Despilfarro socialista
Por Xavier Rius
29 de noviembre de 2025

El diputado autonómico de VOX Alberto Tarradas alzó la vista y dijo en tono irónico: «Hoy es un día maravilloso para que hablemos de esto. ¿Saben lo que tengo aquí? Los proyectos de cooperación al desarrollo que va a financiar la Generalitat de Catalunya».

Fue el pasado jueves en la comisión de la Unión Europea y Acción Exterior del Parlamento catalán. Otros diputados le miraron con cara de estupefacción. A ver qué suelta, debieron pensar. Incluso, en la Mesa, alguna sonreía. En plan, nos ha pillado. Luego citó tres, sólo tres de estos programas financiados por el Gobierno de Salvador Illa: «Un proyecto de redes vecinales en colectivos organizados contra los discursos de odio, el racismo y la extrema derecha con una mirada descolonial, feminista y en defensa de los derechos humanos en Cataluña, Palestina, el Sáhara Occidental y el Mediterráneo». «Todo esto por un valor de 700.000 euros, por si fuera poco», añadió.

A continuación, otro sobre «Cuidado, comunidad y activismo ante el genocidio de Gaza por 300.000 euros». Y un tercero sobre «Transformación ecológica». ¿Dónde? ¿En Cataluña? No, en Marruecos, en Túnez y en Argelia. También por 300.000 euros.

«O este, que ya me parece surrealista, explicó: Seguridad feminista en acción. 300.000 euros. ¿Qué es esto de seguridad feminista en acción? Yo me imagino que igual es la versión Charo de la Patrulla Canina”, explicó en tono jocoso. “Esto es lo que está financiando el Partido Socialista», concluyó mientras mostraba el listado a sus señorías.

Hay más que han sido revelados por un digital en catalán, «L’Alternatiu». Como el de «Reparar para vivir: mujeres y comunidades en resistencia feminista a Jenin (Cisjordania, Palestina)», financiado nada menos que con un millón de euros. El de “Resistencias feministas a las violencias machistas en el África occidental». O “Economías sociales para la paz en el noroccidental colombiano». Todos por la misma cantidad.

Así hasta sumar casi 38 millones. De hecho, eran 25, pero ampliaron la partida presupuestaria. En algunos han pedido más documentación. Supongo que para que no se queden fuera de la convocatoria.

Lo peor de todo es que la deuda pública de Cataluña roza ya los 90.000 millones de euros, casi el 30% del PIB. No ha parado de crecer, año tras año, desde mediados de los 90: 89.000 millones en el 2024, 86.000 en el 2023, 84.500 en el 2022, 82.000 en el 2021 y 79.000 en el 2020. Por citar los últimos ejercicios. El tripartito ya la dejó en 35.000 millones tras siete años en el poder (2003-2010). Pero Artur Mas la subió el doble en menos de cinco: 70.000 en el 2015. La Generalitat gasta más de lo que puede: cada catalán debe ya casi 11.000 euros. En algunos casos en partidas innecesarias.

Hace tiempo hablé con el último consejero de Economía de Pujol, Francesc Homs i Ferret. El «bueno», que digo yo. En contraposición al «malo»: Francesc Homs i Molist, que fue portavoz del Govern con Artur Mas y aparentemente uno de los ideólogos del proceso. Me confesó que había sido el último responsable del departamento en no generar déficit.

Todo ello sin olvidar la quita de la deuda propuesta por la vicepresidenta primera, María Jesús Montero, de más de 85.000 millones. De los cuales, 17.000 corresponden a Cataluña. En teoría beneficia a todas las comunidades autónomas. Pero todo el mundo sabe que es para camuflar una cesión a Esquerra.

Los independentistas se agarran al déficit fiscal, pero incluso en este caso hay que pensar que los altos cargos de la Generalitat cobran de media un 30% más que sus equivalentes en otras autonomías. Sin ir más lejos, el sueldo de Salvador Illa es de 140.000 euros —y lo han rebajado—, mientras que el de Pedro Sánchez es de 107.000.

Todos estos datos restan argumentos a la llamada «financiación singular», que tiene que ser un cupo vasco encubierto. Pese a que no parece que vaya a avanzar en la convulsa situación política española. ERC ya ha aceptado de momento tragarse el plazo fijado.

Lo que no dicen es que al inicio de la Transición, los partidos catalanes renunciaron a un sistema como el vasco. Debieron pensar que esto de recaudar impuestos tiene mala fama, mejor que lo haga Madrid. Desde entonces se han negociado cinco sistemas de financiación. El penúltimo de CiU con el PP en plena mayoría absoluta de Aznar. Y salió contento. Ya lo decía Unamuno: a los catalanes nos pierde la estética.

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