Educados para devorar
Educados para devorar
Por Jaume Vives
13 de agosto de 2026

A menudo recuerdo la entrevista realizada a uno de los protagonistas de la película Campeones. Contaba que había trabajado toda la vida en la misma empresa, ocupando el mismo puesto de trabajo y cobrando más o menos el mismo sueldo. Algo impensable hoy pero muy frecuente hace no demasiado.

La misma fiebre que parecen tener los famosos por cambiar de novia la sufrimos a veces el común de los mortales con los trabajos: siempre insatisfechos (y probablemente muchos con razón) por los salarios percibidos.

Nos cansamos de realizar el mismo trabajo, de tener las mismas responsabilidades y de cobrar más o menos lo mismo mientras el número de canas aumenta, la jubilación se acerca y el yate que nos han vendido como seguro de felicidad lo vemos cada vez más lejano.

Las empresas son el escenario de una guerra sin cuartel en la que sólo quedan unos pocos supervivientes, los que son promocionados, el resto tendrá que sufrir la gravísima humillación de seguir igual que hace dos años. ¡Bendita humillación! Y, para conseguir la tan ansiada promoción, todo vale contra el que debería ser compañero.

Y así, el lugar de trabajo se convierte en un antro de envidias, intrigas y bajezas humanas de toda ralea.

Mi esposa lleva así unos cuantos años, desde que nuestros hijos empezaron a llegar al mundo. La última noticia de que seguía sin ser promocionada otros dos años se la dieron hace poco. Comprensible por parte de la empresa, claro está.

La primera emoción fue de tristeza, pues hemos sido educados para devorar, como los tiburones, pero desapareció rápidamente cuando cayó en la cuenta de que no cambiaría por nada del mundo a los hijos que ha dado a luz.

Hemos sido educados para devorar, pero hemos sido creados para cooperar con la creación de Dios, contribuyendo a aumentar su familia. Cuando esto está claro, el trabajo ocupa el lugar que le corresponde y los sinsabores laborales se pueden convertir en inmensas alegrías familiares. Porque, aunque no siempre, muchas veces están inversamente relacionados. Formar una familia repercute en el trabajo. Vivir para el trabajo repercute en la familia.

Si tuviéramos la sencillez del actor de Campeones nos iría igual de bien en el trabajo y mucho mejor en la familia.

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