Mientras escribo estas líneas, Óscar López, cabeza visible del PSOE madrileño, el mismo que hace una década buscó información sobre los negocios de Sabiniano Gómez para perjudicar al hombre que surgió del vaho, comparte mitin en Getafe con P. S. Hace unas horas comenzó la acampada en Sol y me hizo recordar aquel chascarrillo que afirmaba que detrás del 15M estaba Quechua. Y lo cierto es que sigue estando, pero también lo están Villa Tinaja y los restos de aquella pandilla de oportunistas y charlatanes incapaces de asaltar los cielos. El PSOE los desactivó, pero acaso aquellos personajes tengan relevo en las muy globalistas personas de Carme Arcarazo y Valeria Racu, formadas en el circuito educativo en el que estudió la princesa Leonor.
Conviene recordar que desde que empezó el mandato de Sánchez se ha construido a un ritmo anual de 90.000 viviendas, cantidad insuficiente si tenemos en cuenta que desde entonces a España han entrado 8 millones de extranjeros que necesitan un techo para dormir. Aunque esta es una de las principales razones del alza imparable de los precios, decirlo está mal visto por los autodenominados «antifascistas». Sin embargo, las cifras son elocuentes y la realidad es que en España -el Estado para los acampados- acceder a una vivienda es, para muchos, especialmente los jóvenes, una quimera. El problema no es, en absoluto, nuevo. En algún armario deben permanecer arrumbadas alguna de aquellas 20.000 Keli Finder con las que la por entonces titular del Ministerio de la Vivienda, María Antonia Trujillo, obsequió a los jóvenes para que patearan la calle en busca de la improbable solución habitacional.
Mientras continúo tecleando, Sánchez vocifera en el antaño Cinturón Rojo de Madrid: «Maricarmen, tengo un mensaje para ti. El Gobierno está trabajando para llevar el próximo martes el Real Decreto sobre vivienda. Pido a los grupos parlamentarios que hagamos un esfuerzo para que sea convalidado en el Parlamento». De aprobarse, la acampada de Sol, que reclama en una pancarta que no haya ninguna Maricarmen -que no Paquita- más, quedaría desactivada y El puto amo (Puente dixit) conseguiría dos logros.
El primero sería presentarse ante la opinión pública que tanto se trabajan sus propagandistas, como el solucionador de un enorme problema. Como el presidente que suda la camiseta hasta conseguir conciliar posturas antagónicas. Singularmente la de Junts, partido imprescindible para Sánchez y para sus corifeos, que se cuidan muy mucho de recordar que el mayor número de desahucios de España se da en Cataluña, región donde se aplican las recetas de Sumar y Podemos. En esa estrategia, el ático madrileño es muy útil para desviar el foco hacia ese Madrid que se le resiste a los de Ferraz. Al Madrid, en gran medida al Madrid de Maricarmen, en el que millonarios hispanoamericanos compran viviendas a precios astronómicos que, en algunos casos, blanquean más que el mejor de los detergentes. Así pues, la otoñal acampada de Sol puede tener los días contados. Podemos y Sumar tomarán algo de aliento para movilizar a sus bases y Sánchez presumirá de haber parado los pies a los fondos buitre que operan en España, país mayoritariamente de pequeños propietarios que recelan de alquilar ante la política pro okupa gubernamental.
Mientras tanto, otra acampada persiste. Me refiero a la favela de Ceuta, a la que los de Sol han arrebatado las cámaras. Allí, los invasores ofrecen una oportunidad que, sin duda, Sánchez sopesa, habida cuenta de las dificultades que unos jueces, seguramente fachas, ponen a su intento de pucherazo. El mantenimiento de los acampados, que hace un par de días violaron y dejaron en estado crítico a una menor en la playa del Trampolín, hecho sobre el que ninguna ministra se ha pronunciado, abre la vía de la aplicación del artículo 116.5 de la Constitución, cuyo contenido es terminante: mientras esté declarado cualquiera de los estados de alarma, excepción o sitio, «no podrá procederse a la disolución del Congreso».