El eclipse de la razón
El eclipse de la razón
Por Rafael Nieto
12 de agosto de 2026

Si todavía no se ha comprado Vd., dilecto lector de La Gaceta, sus gafitas especiales para ver el eclipse de Sol, tengo que decirle que quizá ya se hayan agotado en todas las tiendas y farmacias. Nadie en su sano juicio osaría enfrentarse a este capricho planetario sin sus correspondientes antiparras homologadas, con su ISO y todo, aunque por su aspecto nos recuerden a las que hacíamos de niños en el colegio, para la fiesta de fin de curso, con cartulinas y papel de charol. 

El sistema se ha empeñado en que nos pasemos la tarde de hoy mirando al cielo, y oiga, ¡ya puede declararnos la guerra Marruecos, que hoy toca eclipse y punto! Miren bien que he dicho «mirar al cielo» y no «mirar al Sol» o estar «cara al Sol», que, quiero creer, estará prohibido por la Ley de Memoria Democrática que nos hemos dado. Miramos al cielo, democráticamente, para ver el eclipse de Sol con nuestras gafitas homologadas. Porque en esto, y no en otra cosa, consiste el progreso de la humanidad

Conste que, aunque lo parezca, no pretendo cachondearme de este evento único en el último siglo. Estoy seguro de que los astrónomos tendrán, desde mañana, abundante material que analizar y estudiar. Han venido incluso los de la NASA a un pueblo de Burgos para seguirlo en directo. Lo celebro muy de veras. Pero ustedes comprenderán que a este pobre escribidor o plumilla, con la que está cayendo en España y en el mundo, el único eclipse que de verdad le preocupa es el eclipse de la razón

El evento dura un minuto y medio, aproximadamente. El que guarde las gafas en un bolso con muchos bolsillos, igual se lo pierde. Los oftalmólogos avisan de que mirar al astro rey sin la adecuada protección podría dejarnos ciegos. Pero, ¡ay! (que diría el maestro G. Máiquez), ¡tantos disparates, ilegalidades, marrullerías, atropellos, robos, cohechos, nepotismos e incluso golpes de Estado hemos visto últimamente en España, y aún conservamos la vista! A mí me parece que nuestros ojos, los de los españoles, pueden absolutamente con todo. Están hechos para la eternidad. 

Creo que los biólogos y naturalistas van a aprovechar el súbito y fugaz oscurecimiento del Sol para observar cómo reaccionan los animales. Sería bonito también, puestos a observar, ver cómo reaccionan los socialistas. Igual recuperan el sentido común. Es todavía pronto para saber cómo será el mundo después del eclipse solar; yo, si tuviera que apostar, diría que va a seguir siendo exactamente igual. Que después de ese abrir y cerrar de ojos, de esos noventa segundos de showroom espacial, va a seguir habiendo los mismos gilipollas que había antes. 

Pero el caso es que a Sánchez y sus marionetas les ha venido Dios a ver con esto del eclipse para que, durante unas horitas, nadie les recuerde la que nos están liando. Todos mirando al cielo, llenando casas y hoteles de la España vaciada, para un espectáculo que dura menos que la siesta de un mosquito. Entretenidos mientras se desploma la Patria por la maldad de unos y la torpeza de otros. Felices, porque esto no pasaba desde hacía más de un siglo y nosotros estamos aquí para vivirlo. Serán, probablemente, los noventa segundos más apasionantes de nuestras vidas. 

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