El estercolero antifa
El estercolero antifa
Por Rafael Nieto
23 de septiembre de 2026

En su magnífico último libro publicado hace unos meses, el periodista y asesor del Gobierno de Trump, Mike González, redefine lo que hoy representa «la nueva izquierda«, que lejos de defender los postulados clásicos marxistas (lucha de clases, estatalización de los medios de producción, derechos laborales, etc.), ha hecho de la raza, la ideología de género y el «antifascismo» sus columnas vertebrales. En Norteamérica, esta paranoia ideológica se sustancia principalmente, además de en el psiquiatra, en el movimiento «black lives matter«, que plantea abiertamente la negación de derechos fundamentales a los blancos, y en la vieja Europa es la alcantarilla woke la que se lleva la mayor parte de su actividad. En ambos casos, a uno y otro lado del Atlántico, con un pie en el cementerio de las ideas y el otro en el frenopático municipal.

Lo que la merma podemita llama pomposamente «antifascismo», en España, suele estar representado por una purrela de desgarramantas totalmente incapaces de trabajar ni de ganarse la vida de manera honrada. Eso les predispone de forma natural al subsidio y a la paguita, lo que explica la cantidad de tiempo que tienen para manifestarse, gamberrear y hacer el payaso, que son sus actividades principales. Notarán que hay antifascistas, en primer lugar por el olor, que es característico de su poca higiene; y en segundo lugar, porque casi nunca son capaces de juntarse más de cien en cada performance, quizá también por la propia falta de higiene, claro.

El caso es que algunas decenas de cafres de este pelaje, con sus banderitas independentistas y sus crestas de pollo infectado en Wuhan, se dieron cita este pasado lunes en las inmediaciones del Centro Cultural Santa Marta, en Santiago de Compostela, donde representantes de VOX habían acudido, pacíficamente como siempre, a celebrar un acto político de «comienzo de curso» tras el verano. Dice el panfleto Lo País, al que le pirra el humor, que la chusma rojelia y separatista que allí se dio cita era «antirracista», cuando en realidad, dependiendo de la hora a la que se hubiesen fumado el último porro, probablemente no conocía ni su propia raza. Lo que sí lograron, a base de insultos, amenazas y la violencia chusca que les caracteriza, fue impedir el acceso de los miembros de VOX al edificio, lo que conllevó la suspensión del acto.

El jefe de la Delegación de VOX en el Parlamento Europeo, Jorge Buxadé, que encabezaba el grupo de patriotas que trató de acceder al recinto público, señaló la responsabilidad de la alcaldesa de la ciudad, una señora que se llama Goretti Sanmartín, del BNG, que por supuesto no movió un solo dedo para que el acto se pudiera celebrar, como sería lo normal y deseable en cualquier país donde rija el estado de Derecho. En la España del golpista Pedro Sánchez y de sus socios comunistas y separatistas, solamente tienen derecho a expresar sus destartaladas opiniones ellos y sus potenciales votantes; a los demás, les aplican el totalitarismo violento que llevan en el ADN, antaño marxista y revolucionario, hoy pijipobre y maloliente.

Agradecieron los simpatizantes de VOX que en Santiago de Compostela, en septiembre, la temperatura ambiente es mayormente fresca, porque de lo contrario, teniendo en cuenta la fauna allí presente, habrían hecho falta mascarillas. No fue así, y nadie resultó intoxicado. Pero, una vez más, la violencia política fue ejercida por los de siempre, y sufrida también por los de siempre; como en Vallecas, como en Vascongadas, como hace unos meses en Andalucía, como en cada sitio donde el partido de Abascal lleva no solamente la bandera de España, sino también las banderas de la libertad y del respeto a la ley. El antifascismo de postureo, que considera «derrotar a los fachas» subir a Instagram un par de selfies con cresta, obviamente no logrará jamás derrotar a la Patria que lleva quince siglos viendo pasar pigmeos por ella.

Y es bueno que seamos todos conscientes de que ninguna Delegación del Gobierno ni cuerpo policial conseguirá erradicar del todo esta plaga repugnante. Con toda razón, dijo Buxadé que todos los movimientos autodefinidos como «antifas» deben ser declarados ilegales, y posteriormente desmantelados, ya que sus fines y objetivos son contrarios no solamente a la ley, sino también a la civilización. No lo verán nuestros ojos, probablemente. El socialismo, el comunismo y el separatismo nunca sobrevivirían sin la violencia; para que los Sánchez, Yolanda y Rufián puedan vivir como señoritos su dolce far niente, en las calles tiene que seguir habiendo perros de presa: una masa embrutecida, carne de presidio, dispuesta y encantada de delinquir para que otros no puedan expresar sus ideas en paz. Ayer, con la hoz y el martillo; hoy, con pañuelos palestinos. Siempre, contra la luz de la razón.

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