El fútbol une, las redes acercan
El fútbol une, las redes acercan
Por Hughes
22 de julio de 2026

Los más optimistas pensaban que Internet crearía entre los dos lados del Atlántico una gran conversación en español, una especie de (con perdón) hispanidad tecnológica.

Y bueno, puede que sea así, pero la cosa empieza regular:

–Gashego boludo tenés mi pija en el orto

–Calla, tiraflechas argensimio

No diremos que sea esto un diálogo muy edificante, pero quién sabe, puede que de aquí salga algo.

Como dice la FIFA, el fútbol nos une y efectivamente, si uno habla con hispanoamericanos, cosa bastante posible en Madrid, descubre pronto que todos están unidos en el odio a los argentinos, odio al menos futbolístico. Que alguien sea generalmente odiado no da la razón al odiador, el problema es que parece haber una distancia insalvable entre la idea de decoro que tienen los hinchas argentinos y la que tienen el resto de aficionados del planeta.

El hincha argentino, en una espiral de pasión a la que no se le ve fin (la albiceleste defiende la esencia argentina encerrada en la misma albiceleste), es como alguien que reuniera lo peor del aficionado madridista, colchonero y culé. Es un ser agrandado, susceptible, conspiranoico y autoindulgente. También es uno de los grandes tesoros humanos del fútbol, aunque se haga durillo de soportar. Cuando no había Internet solo llegaban a España voces aisladas cuyo singular atorramiento era como un chimichurri en nuestra dieta.

Los argentinos que no asumen la derrota contra España proyectan ahora el complejo de superioridad en la incapacidad del español para «festejar», y echan a volar explicaciones conspiranoicas; Argentina no chutó a puerta porque, como el boxeador amenazado de las pelís de mafiosos, no le dejaron pelear. ¿La masonería? ¿Florentino? ¿Los ingleses? ¿Infantino? Un poco todos.

El rechazo a Argentina es tan fuerte que ya ha generado un victimismo (es el eterno ciclo energético agravio-odio); algunos reconocen el problema de imagen aunque consideran que se trata de una campaña antiargentina global relacionada con el racismo, la política o manos negras; se va alcanzando ese punto en el que se juntan dos océanos y las aguas cambian de color: la conspiranoia futbolística rozaría ya el gran asunto de Internet postcovid: el sionismo (quien una fútbol y antisionismo logrará el nuevo fentanilo… lo que nos lleva a preguntarnos: ¿por qué China decide ganar en todo a Occidente menos en el fútbol y no clasifica a un Mundial al que va Cabo Verde?).

Al principio de la competición, la ciberdemencia en España daba por campeona a Argentina por la siguiente ecuación: Fifa=Infantino=Trump=Milei=Israel; si en España juega el gran experto en oriente Medio Lamine Yamal, anima Bardem y preside Sánchez, el duelo ya estaba servido.

La misma explicación serviría ahora a algunos argentinos para evitar la autocrítica y explicarlo todo como un ataque orquestado de la izquierda mundial, desde el NYT hasta The Guardian, contra la Argentina de Milei.

El fútbol une tanto que incluso entre personas judías surgen piques y no estamos lejos de que alguien considere antisemita que un judío español anime a su selección.

Las cosas se tendrán que calmar. Cuando empiece la Liga, el argentinismo cholista del Atlético de Madrid volverá a ser legítimo. Todo habrá pasado y de la experiencia quedarán unos bonitos lazos de fraternidad entre los pueblos.

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