El golpe
El golpe
Por Rafael Nieto
1 de julio de 2026

Parece que el consenso mediático de la derechita cobarde se ha decidido a llamar a las cosas por su nombre (solamente un ratito, claro), y ve en la regularización de inmigrantes ilegales y en la ridícula «ley de nietos» un «golpe» de Sánchez contra la democracia. Al pronunciar la palabra «golpe» bajan un poquito la voz y hacen un falsete, porque las meninges se les van a Tejero, y tampoco quieren exagerar. Pero el caso es que lo consideran un golpe, y eso ya supone una novedad. 

El PP y sus «medios Lewinsky» siempre llegan tarde a todo. Es como si padeciesen un TDAH político que les impide ver las cosas como lo que son desde el principio. ¿Esto de ahora es un golpe, y no lo fue la amnistía a los separatistas catalanes que perpetraron el 1-O? ¿No lo fue el cierre del Parlamento en plena pandemia? ¿No es un golpe a la democracia privar de derechos fundamentales a millones de personas basándose en meras especulaciones pseudocientíficas, y no en pruebas incontestables? Sí, eran golpes también. 

Y a nadie que tenga dos dedos de frente puede extrañarle que un Gobierno golpista, como el de Sánchez y sus compinches, trate de dar golpes. De hecho, es lo normal. Cuando el tirano imposta esa mueca siniestra en su escaño, mitad sonrisa mitad amenaza, está dando la razón a quienes pensamos que es un auténtico psicópata del poder; no nos importa discrepar en esto con el gran psiquiatra José Cabrera. Es el capo di capi de una asociación de malhechores instalada en La Moncloa, dispuesta a dar «el gran golpe» para perpetuarse en el cargo. 

Con la regularización de todos los mohamés y nelsongustavos que han pisado la piel de toro en los últimos años, y con su apéndice de la ley de nietos, el PSOE sabe que va a modificar de una manera sustancial el censo en 2027. Lo sabe porque detrás de esta maniobra hay expertos en sociología y en aritmética electoral. Y lo sabe porque a este tipo de gobernantes no hay nada, absolutamente nada, que les detenga en sus planes maquiavélicos y criminales. Lo mismo pueden profanar el cadáver de un hombre que lleva setenta años enterrado que alterar de forma fraudulenta la composición básica de una sociedad. 

A Sánchez, que tiene a su mujer a diez minutos de escuchar una sentencia condenatoria y que ha visto entrar en prisión a quien fue su mano derecha durante años, ya nada va a detenerle en su plan para ser el Maduro español. Se ha atornillado al sillón presidencial, y literalmente de ahí no van a sacarle ni los GEOs. Tampoco Donald Trump parece que vaya a enviar, de momento, a la Delta Force a Madrid para repetir una operación relámpago como la del 3 de enero en el Fuerte Tiuna de Caracas. Al yerno de Sabiniano le vamos a tener que sacar nosotros. 

El PP y sus mariachis llegan siempre tarde a todo. «¡Oh, Sánchez quiere dar un golpe contra la democracia!» Sí, bienvenidos a la realidad. Lleva dando golpes, uno tras otro, desde el primer día. Lástima que en vez de denunciarlo, en vez de presentar mociones de censura, en vez de asfixiarlo en las instituciones, os dais el pico con él y votáis lo mismo en Bruselas en nueve de cada diez ocasiones. En realidad, muchos españoles ya tienen bastante claro que el PP y el PSOE son dos caras de la misma moneda

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