El jodido Rufián
El jodido Rufián
Por Iván Vélez
25 de mayo de 2026

En 2015, Gabriel Rufián dijo que abandonaría el Congreso de los Diputados en 18 meses. Más de una década después, tras un golpe de Estado indultado y amnistiado por Sánchez, el Castelar de Santako sigue atornillado a su escaño y se perfila como la gran esperanza izquierdista plurinacional. Esa circunstancia, la de atesorar un acta de diputado, le permitió desplegar su oratoria la semana pasada. Una elocuencia de barra de bar, una zafiedad que hace las delicias de muchos. Sus palabras, proferidas mientras blandía las diligencias que señalan una conducta, como mínimo codiciosa de ZP, fueron las siguientes: 

«Yo hoy estoy, reconozco, estoy jodido. No sé si ustedes están fastidiados. 88 páginas. 88. Tráfico de influencias, organización criminal, blanqueo de capitales. Yo reconozco que no soy objetivo. Yo no soy objetivo. Yo le tengo un enorme respeto y un enorme afecto a Zapatero. Nueve de los nuestros están en la calle y duermen en su casa gracias, en parte, a él. Pero también tengo ojos en la cara. Tengo ojos en la cara. ¿Que esto no existiría si Zapatero no fuera un enorme activo electoral para la izquierda? Sííí… ¡Y tanto! ¿Que existe una cacería judicial? Sííí… ¡Y tanto! ¿Que Felipe, que Aznar y que Rajoy se lo merecen mucho más no 88, sino 188? Sííí, también». 

Después mantenerse alineado con los golpistas que le permiten ser una señoría y señalar al poder judicial y a los tres expresidentes, la dosis de autoerotismo: «Pero, señorías, la izquierda es que somos otra cosa, somos otra cosa». El narcisismo y la autoridad moral que se arrogan los que se dicen, sin mayores precisiones, «de izquierdas». 

Finalmente, un poco de escatología: «Si esto es verdad [en referencia al auto], si esto es verdad, es una mierda. Si esto es mentira, es una mierda aún mayor que hemos visto muchas veces, demasiadas veces. Pero merece una respuesta.»

La intervención de Rufián, consternado por las acusaciones de las que es objeto el gran benefactor del secesionismo catalán, recordó a esa anécdota, algunos dicen que apócrifa, protagonizada por Cela. Año 1977. En el Senado se debatía el proyecto de Constitución y Cela, senador por designación real, se durmió. El presidente, Antonio Fontán, le dijo que estaba dormido, a lo que Cela respondió que estaba durmiendo. Fontán le contestó: «¿Y no es lo mismo?». A lo que el gallego respondió: «Pues, no. Como no es igual estar jodido que estar jodiendo».

En el caso de Rufián no hay confusión: está jodido. El jodido Rufián está jodido porque sabe que Zapatero es clave en el proyecto plurinacional para el que se postula. Para un confuso plan cuya primera certeza es que le aseguraría unos años más en los madriles. Rufián sabe que ZP es un activo en la transformación del Estado de las Autonomías en una confederación. Una opción que gana enteros y que acaso acabe por ser impulsada por Sánchez, necesitado de hacer borrón y cuenta nueva, de impulsar un divide y vencerás, es decir, un divide y cogobernarás una España asimétrica sin espacio para la igualdad. La apuesta es por la singularidad, por el privilegio. Un órdago que, de salir adelante, hará que nos demos por jodidos.

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