El señor que tocó a las Femen
El señor que tocó a las Femen
Por Hughes
5 de diciembre de 2025

Se informó esta semana de la detención del señor que tocó los pechos de las Femen a las puertas de una iglesia el 20N.

«Portando una bandera preconstitucional» y con un imperturbable puro en los labios, el señor (ibérico cruce entre Edward G. Robinson y Rodney Dangerfield) tocó primero un seno y luego otro o los profanó, tratándose del día que se trataba.

En los medios se execró la «agresión sexual», se pidieron condenas al acto y se quiso ver, lo hizo la ministra, una simbólica representación de dos mundos en chisporroteante contacto: el de la mujer libre del Estado Feminista español y el de la mujer oprimida del Estado católico franquista.

Las fotos del hecho tienen algo extraordinario. Van más allá del realismo y como diría Lopera, hay que fijarze bien.

El señor franquista, mientras sujeta la bandera (siempre preconstitucional), y sin quitarse el puro de la boca, que para más inri no es puro sino purito, .extiende una mano para tocar el pecho de una de las manifestantes. Toca el pecho impar de una, y luego, a pesar de que le dicen «Señor, que no toque, que no toque«, toca el de otra, pues eran dos. Pero esos pechos no eran pechos sin más, no eran níveos montículos albos, sino el medio de un mensaje, ya que llevaban escrito sobre sí la palabra fascismo. «Exorcismo al fascismo» lucían las dos en todo su torso, pero los pechos, precisamente los pechos, servían para escribir el «fascismo». En uno, «fasc»  (o «fas», según medidas) y en el otro «ismo». Entonces, lo que se ve en la imagen es al señor alargando la mano para tapar el alevoso mensaje, de modo que en una foto el tocamiento hace que en la Femen solo se lea «Exorcismo al ismo» y en la otra «Exorcismo al fasc», logrando con ello su propósito.

¿Y si la intención del hombre no era sexual sino evitar el oprobio de ser llamado fascista (a lo mejor sin serlo) públicamente y a las puertas de una iglesia?

Las fotografías permiten verlo así: el hombre toca el pecho o bien solo oculta un mensaje agresivo. Toca el pecho, si acaso, por coincidencia silábica. Sólo tapa, no va más allá, no es que dijera, como Paco Salazar, «voy a poner una mijita de mi polla» (los aliados del PSOE tienen todos pinta de McLovin, si MacLovin se hubiera metido en las juventudes del PSOE justo al acabar la película).

El señor del purito, al parecer, se dedica a la venta de merchandising franquista y le estaban ahuyentando la clientela justo el día grande de venta. Con la broma le estaban jodiendo el Black Friday.

Si una Femen llega ante mí y escribe en su delantera «hughes culé», o incluso «hughes, machista» (la coma sería el canalillo), ¿no querría yo defenderme de semejante acusación velando el injurioso mensaje?

Si callo, otorgo, y ahí la llevo, pero si tratara de impedir su lectura, incurriría en tocamiento. Esto es un chantaje muy bien hecho por el talento performativo de las Femen.

Estamos un poco hartos ya de la teta globalista y sorosiana de estas Femen, pero les honra no haber presentado denuncia contra el hombre. No así la ministra, que pidió para él «todo el peso de la ley», y ya sabemos qué ley. Si el señor que tocó acaba ante un juez, tenga presente su señoría que la teta era antifa y que teta antifa más que teta es octavilla.

TEMAS
Noticias de España