Si esto fuera El Mundo, diríamos: El Logos se ha hecho tipín; si fuera El País, escribiríamos que Abascal logra la suma moderación de la morigeración: no comer. Comimos poquito y no bebimos ni un buchito. Pero como somos La Gaceta, solo diremos que Abascal ha adelgazado y que esto es el verdadero acto de antisanchismo. Esto no es antisanchismo de palabra, es antisanchismo de obra y sobre todo de omisión: de no comer para rivalizar en delgadez con ese animal político terrible que es Sánchez, que tiene la gran cintura política que tiene precisamente por eso.
A Sánchez, con su cinturita, no se le puede atacar desde la fofisanez de un Moreno Bonilla, hay que ir a su territorio: el de la finura, como en los grandes entrenadores.
Creo que la delgadez es el primer paso para el gobierno. Es una gran declaración, y la otra se está produciendo en las autonómicas. Ya lo vimos en Extremadura y ahora empezamos a verlo en Aragón: es el territorio, el repaso detallado a la geografía.
En Extremadura afloraron unas comarcas voxiles y lo mismo puede pasar en Aragón. Lo autonómico así se enriquece de perspectiva. No es baronía, ni estadito, ni estructura de autogobierno. Es la puerta al territorio. Así hay que verlo. El gran antiautonomismo aprovecha la autonomía para ir a lo rural, a lo local y a lo menor; no solo a la provincia, también a la comarca.
Lo autonómico, ya que está (y está tanto que con la financiación singular de Cataluña se dice como único argumento en contra que no lo quieren las autonomías) se puede aprovechar para hacer un repaso imposible en las elecciones nacionales.
Las autonómicas dejan tiempo y ocasión para detenerse en cada rincón, para visitar al español, para abandonar el madrileñismo y eso revitaliza y españoliza el hecho autonómico. Estas elecciones nos van a permitir analizar, conocer, pensar en Aragón hasta descubrir si se revelan también allí comarcas voxiles, es decir, realidades.
Esto lo puede hacer Abascal y quizás nadie más. No lo puede hacer Sánchez por motivos de orden público; y no lo puede hacer igual Feijoo porque Feijoo está marcado por la geografía gallega. No es desgalleguizable y le falta quizá ese punto de amor por el secano y el campo ibérico.
Tampoco puede Ayuso por razones de límite y jurisdicción. ¡Esto no puede imitarlo! No puede recorrerse Aragón aunque, si tocara, lo intentaría y no es descartable que se invente unas rutas por la sierra madrileña.
El calendario autonómico, en otro tiempo inútil, permite repasar el territorio con exhaustividad de viajante y volver al campo, donde podría producirse el gran encuentro (habitante aparte) ¡que Abascal se tope con el lince blanco! Que el mágico animal, que en realidad es un lince estresado, harto también, se manifieste. Ahí se obtendrá la legitimidad telúrica.