«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Enrique García-Máiquez (Murcia, pero Puerto de Santa María, 1969). Poeta, columnista y ensayista. Sus últimos libros son 'Verbigracia', (2022) poesía completa hasta la fecha; y 'Gracia de Cristo' (2023), un ensayo sobre el sentido del humor de Jesús en los Evangelios

Elogio de la vergüenza

23 de septiembre de 2026

Recuerdo de mi infancia: mi madre está ordenando su armario y yo, con once o doce años, le doy conversación. Charlábamos muchísimo mi madre y yo, y ella me echaba bastante cuenta, sembrando en mi tierna vanidad de entonces el convencimiento de que tenía o tendría algo que decir. Quizá no sería columnista de no haber sido por aquellas conversaciones.

Pero en esa ocasión que recuerdo tan bien mi madre me quitó la razón sin contemplaciones, casi enfadada. Mi tesis era que la gente que no hacía algo malo por vergüenza o respetos humanos y no por convencimiento actuaba bien por las razones equivocadas, rozando la banda de la hipocresía. Lo mejor era —argumenté muy serio— no tener la más mínima vergüenza, pero seguir comportándose intachablemente por principios. «Déjate de tonterías —cortó mi madre—. Portarse bien es tan complicado y exigente que toda ayuda es poca y la vergüenza es sanísima, imprescindible». El planchazo no lo he olvidado en más de cuarenta años.

Entonces fue un planchazo, luego lo celebré muchas veces, viendo la mano que, en efecto, me echaba la vergüenza o el pundonor cuando me flaqueaban las fuerzas o se me nublaban las ideas. Cuando más tarde encontré esa misma defensa en don Juan Manuel en el Libro del cavallero et del escudero, no pude estar más orgulloso de la lección materna. Decía el nieto del rey santo y sobrino del rey sabio: «La vergüença otrosí cumple mucho al cavallero más que otra cosa ninguna. E tanto le cumple que yo diría que valdrá más al cavallero aver en sí vergüença e non aver otra manera ninguna buena, que aver todas las buenas maneras e non aver vergüença. […] Otrosí la vergüença le fará que sufra ante la muerte que fazer cosa vergoñosa. […] E así podedes saber que la vergüença es la cosa por que omne dexa de fazer todas las cosas que non deve fazer e le faze fazer todo lo que deve. E por ende la madre e la cabeça de todas las vondades es la vergüença». Ea.

En la España actual esta defensa de la vergüenza es más necesaria que nunca. Tanto la echo en falta que nos buscamos la metadona de la vergüenza ajena. ¡Qué bochorno ver a tantos personajes que se creen importantes y se pavonean obedeciendo bovinamente las consignas de un canalla! Un canalla que no tuvo vergüenza en su vida, desde las saunas hasta las mentiras más obvias en sede parlamentaria sin que se le tuerza el gesto. ¡Qué de personas encantadas de haberse conocido dan muestras públicas de cobardía, de sumisión, de vasallaje! Gentes rimbombantes que presumen de los cargos y de los honores que arrastran por el suelo y embarran. Lo de Ceuta está siendo una humillación nacional a lo largo y ancho de España, salvo para los ceutíes, que sí tienen vergüenza. 

Decía el duque de La Rochefoucauld que la hipocresía era el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Y digo «era» porque ya no tenemos ni la más elemental hipocresía. Ahora todo es cinismo, que es el desplante que el vicio le hace a la virtud. Sólo nos queda la vergüenza ajena. Y la indignación.

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