¿Es creíble el PP?
¿Es creíble el PP?
Por Xavier Rius
1 de octubre de 2025

No entiendo nada. El propio presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo, dijo en el congreso del partido el pasado mes de julio que, para llegar a La Moncloa, apostaba por un gobierno estable «que sólo se puede construir desde la centralidad».

Con el partido de Abascal fue todavía más claro: sí, pero no. «¿Vamos a establecer un cordón sanitario a VOX como nos piden de la izquierda?», se preguntó. Para responder inmediatamente: «No, VOX es la tercera fuerza política de este país, sus habitantes merecen un respeto y yo no estoy dispuesto a arrinconarlos». Personalmente, he estado siempre en contra de los cordones sanitarios. Quizá porque, en pleno proceso, los he sufrido como periodista. Incluso ahora estoy vetado en el Parlament catalán. Una decisión del presidente, Josep Rull, y de su jefe de prensa, Josep Escuder. He tenido que llevar la censura al contencioso del TSJC.

Sin embargo, acto seguido Feijoo dijo que no quería a VOX «en el Gobierno». Al día siguiente, Miguel Tellado, su hombre de confianza, aseguró que si Abascal ponía esa condición para pactar, volverían a convocar elecciones. En esta cuestión el error es doble: primero, vetar a una persona. Segundo, tirar por la borda una victoria electoral en el caso de que llegue a producirse. Además que demuestra un cierto desconocimiento del marco legal vigente: un presidente electo no puede convocar elecciones anticipadas. Los plazos están establecidos por ley.

¿Es de fiar, por eso, el giro del PP en materia de inmigración? La verdad es que, en este asunto, siempre ha ido con mucho tiento. Peor: con muchos complejos. Caen con frecuencia en la trampa que les tienden desde La Moncloa: ponerlos en el mismo saco que VOX. «La ultraderecha», claman. Y se pasan más tiempo intentando desmarcarse de esta formación que haciendo verdadera oposición al PSOE. La última semana de la campaña de las generales es claro ejemplo. 

Hay más episodios que alimentan mi escepticismo. En enero del 2023 asistí a la primera rueda del alcaldable por Barcelona, Daniel Sirera. Como le conozco hace muchos años —en los años 90 era un joven diputado autonómico del PP— quise estar presente. Me sorprendió porque lo primero que había hecho como candidato fue irse al Raval. El distrito que tiene, de largo, más problemas de seguridad ciudadana entre hurtos, okupas y narcopisos. Pero me llamó la atención porque ni siquiera mencionó la palabra «inmigración». Como si fuera un término tabú. Cuando todo el mundo sabe que, en este caso, inseguridad e inmigración ilegal van ligados.

O Feijoo, en mayo del 2024, cuando en la campaña para las autonómicas, dio un mitin en el barrio de Sant Ildefonso, en Cornellà. «Pido el voto a los que no admiten que la inmigración ilegal ocupe nuestros domicilios», tituló El País. Los medios progres —La Sexta y otros— destacaron que había endurecido su posición en este asunto y se le echaron encima. Aunque, en realidad, fue la única vez que sacó el tema. Y sólo faltaría que estuviéramos a favor de las okupaciones. De inmigrantes o de autóctonos, me da igual. Yo es que soy un firme defensor de la libertad individual, la cultura del esfuerzo y la propiedad privada.

Hay más vaivenes. Ahora con los menas se hacen el remolón, pero lo cierto es que VOX rompió en las comunidades autónomas donde tenían pactos con el PP —con el costo político y personal que supone— porque el PP estaba dispuestos a aceptarlos. O aquella famosa ILP de abril del 2024 para favorecer la regularización de inmigrantes ilegales. De 500.000 a 700.000. Nadie sabe con certeza la cifra. Yo hablé en aquella ocasión con algún dirigente del partido y me dijeron que habían actuado así por presiones de Cáritas, es decir, de la Iglesia. Y lo cierto es que, viendo el posicionamiento de algún prelado —como de algún almirante—, no me sorprende. ¿Pero cómo pudo el PP votar al lado del PSOE, de Sumar, de Podemos o de Bildu en esta cuestión?

Por no decir la propuesta del mencionado Miguel Tellado sobre el bloqueo naval a los cayucos. Yo no sé si la Armada está preparada para ejercer funciones policiales. Estoy convencido de que entre no hacer nada y controlar las aguas territoriales —que al fin y al cabo son como las fronteras— algo se puede hacer. El PP, de la polémica, acabó enterrando la propuesta. No obstante, hay que recordar que VOX ya la había lanzado cuatro años antes y entonces votaron en contra.

Hay al menos una cosa buena en la evolución del PP: la cortina de humo de las protestas propalestinas ha durado una semana. Ministros como Félix Bolaños (Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes) o Elma Saiz (Seguridad Social y Migraciones) tuvieron que emplearse a fondo con la cantinela de que viene el coco, es decir, la «ultraderecha».

Pero lo preguntaré por tercera vez. ¿Es creíble el PP? El lunes escuchaba a Luis del Pino en Radio Libertad mientras llevaba el coche al taller y él tampoco se fiaba. De hecho, hasta recordaba el caso de la CDU —el partido hermano del Partido Popular en Alemania— que dijo una cosa en campaña y luego hizo otra en cuanto llegó al poder. A mí me pasa lo mismo. No me acabo de fiar. La ILP que les he citado antes fue un golpe muy duro a la credibilidad del PP.

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