Figurantes de Sánchez
Figurantes de Sánchez
Por Hughes
12 de abril de 2026

En la investidura, fue Abascal quien recordó que Sánchez no tenia legitimidad. Una cosa era la legalidad y otra la legitimidad, de la que carecía tras engañar al electorado. La legalidad la perdió después con la gigantesca prevaricación de la Amnistía. La corrupción de todo un país tomaba cuerpo de ley y curso judicial. Y a la corrupción e ilegalidad, se le sumó una ejecutoria que nos colocaba ya en otro terreno; recordemos: pacto con los terroristas y con los golpistas; entrega de la posición en el Sáhara; regatear la ayuda a los valencianos cuando morían en la DANA, y llenar España de ilegales por millones cuando Europa frenaba la inmigración. Todo esto, y mucho más, permitía hablar no de un gobierno ilegal e ilegítimo, sino de un gobierno contrario a los intereses generales del país.

Por supuesto, como persona de orden, me siento obligado por la ley, pero no concernido por un gobierno al que no reconozco. Sánchez se parece bastante a un traidor moderno y no son inocentes los integrantes de su inmensa red clientelar. Ahora hay que añadir a esta categoría a los figurantes en su polémica forzada con Israel. El paso de convertir a España en delegada del eje Grupo de Puebla-Irán-China y adalid antisionista ha acabado ampliando la coalición sanchista, que desde Bildu hasta Rufián integraba lo peor del país. Era un All-Star de enemigos de España. ¿Podía ampliarse, es decir, empeorarse la monstruosa coalición?  

Para que cundiese el numerito de proxy iraní hacía falta público, gente que tocara la vuvuzela, y ahí que han ido apareciendo los de la pandilla de Torrente dándose la mano con la izquierda proterrorista. En común manejan el lenguaje del antisemitismo  (una forma de degeneración cognitiva), pero un antisemitismo que ni siquiera adquiere el clásico sentido terminal, de grandeza delirante y monomanía. Es un antisemitismo en muchos casos decepcionante dirigido finalmente a a echárselo en la cara al vecino. Más poderoso que su fijación con el judío es su ibérica mezquindad y su guerracivilismo, el ajuste de cuentas, y por eso todo se les acaba en un: «¿y Vox qué dice de esto?».

El antisanchismo está todo el día que si Perro, y que si Begoño, que si Aldama y que si Koldo, pero eso es baratija, vuelo gallináceo. El antisanchismo es un colaboracionismo con Sánchez, porque el auténtico rechazo a Sánchez es considerarlo ilegítimo, detentador de un poder que traiciona y, por tanto, alguien que no puede representar a los españoles. Cuando las concentraciones en Ferraz se le consideraba un golpista. ¿Ha prescrito? Quienes aplauden al golpista y le llevan en volandas a comprometer la posición exterior de España, ¿qué nombre merecen?

La campaña de estos días, pese a ser ridícula, ha forzado inevitablemente a mirar las cosas de una cierta manera. Entre Sánchez y cualquier cosa, cualquier cosa, pero al plantearse concretamente entre Sánchez y Netanyahu, se iba formando dentro una certeza: si un país sufriera asesinatos de mujeres y niños, violaciones y atrocidades sobre cadáveres, uno de los dos perseguiría hasta el centro de la tierra, hasta al mismísimo infierno a los autores. Otro pactaría con ellos. Esto, por supuesto, no es una disyuntiva patriótica (imposible de convocar por Sánchez y unos energúmenos) sino otra cosa. Y los bandos están claros.

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