Fuentes y Labrador
Fuentes y Labrador
Por Hughes
17 de diciembre de 2025

No está tan claro que ganara Nick Fuentes su entrevista con Piers Morgan. Es más chispeante, roza lo hilarante, pero el éxito de Morgan es llevar las cosas a un punto en que parece siempre más tonto que el entrevistado. Se le queda cara de pazguato. Fuentes, autor de la frase «salir con mujeres es gay», dice cosas como «hay que meter a los negros en la cárcel» pero luego, presionado, matizaba: «solo a los asesinos», frase a la altura de cualquier boomer.

Fuentes incitó a la gente a jugarse el tipo el 6 de enero, como si fuera uno más de los federales que movían los hilos ese día. Populariza cosas nacionalistas ya dichas, pero hasta un punto y de una forma que las difunde y a la vez las anula. No las libera, en parte las arruina. Su función, voluntaria o no, acaba siendo debilitar el MAGA, fracturar la coalición trumpiana en la desbocada carrera por la atención del público de bajo CI, que en Internet somos casi todos. La política internacional es la excusa: Gaza, luego Irán, pero luego Epstein, y el asesinato de Kirk«jew, jew, jew, jew». Lo reducen todo a una conspiración judía sin pararse a pensar en qué lugar les deja eso a ellos.

Jugaban con cartas distintas. Morgan con seriedad de anchorman y Fuentes, definido por Bill Maher como un «racista de racistas», haciendo bromita con el Holocausto. Fuentes dicen que acaba con la reductio ad hitlerum, pero mediante una reductio ad iudaicus. Reductio por reductio. La entrevista entre el estólido boomer y el supercharlatán zoomer era como ver competir, más o menos a la vez, a los «Gran Hermano» (GH). Por un lado el de siempre, que languidecía en Telecinco con un 8% de audiencia a punto de la retirada; por otro, el nuevo GH de Internet, «La Casa de los Gemelos», montado por dos veinteañeros, una reunión incalificable que homenajeaba a los momentos álgidos (o bájidos, según se mire) de los realities: «Hotel Glamour» y «Gandía Shore». Entre sus participantes, como una vieja gloria, estaba Labrador, el tete que llegó después de Rafa Mora, ahora funcionario policial. Para conectar con ese pasado prestigioso había leyendas expulsadas de la tele como el genialoide Víctor Sandoval, Kiko Hernández, que empezó siendo hetero en un GH, y Coto Matamoros, quizás la persona que mejor dice gilipollas en España.

Y los concursantes, claro, salidos del submundo de la creación de contenidos (aunque quizás ya submundo o trasmundo son los demás): El Patica, rústico antifoodie; Eros, cornúpeta en La Isla o las destacadas Marrash y La Falete, don grecas que igual se abrazan que se lanzan copazos:

-Tengo problemas de tiroides

-Todas las gordas decís lo mismo

El resultado es un disparate en el que se agreden, lloran, ríen, corre el alcohol y tiene que intervenir la seguridad. Comparado con eso, las peleas pasivo agresivas del GH por un yogur blanco se quedan en nada, y los cuchicheos en el jardín son como mirar una película iraní. Por eso, el GH muere televisivamente, con audiencias de 500.000 personas mientras el otro, el garajero, superó el millón de espectadores.

«La Casa de los Gemelos» era una amenaza para el negocio, y desde el principio fue señalado: podía violar el Código Hays; el GH de Telecinco sería presentado por el Alto Comisario Jorge Javier, cuyo rostro embalsamado simboliza la total pérdida de frescura. Quizás empezó cuando Pedro Sánchez llamó al «Sálvame», ahí comenzaron los dos a cambiar sus caras. El programa acabó siendo sanchista y más feminista que nadie. Perdió audiencias, dejó Telecinco, fue llevado a TVE, fracasó, se refugió en Ten/QUickie (un pie en la tele, otro en youtube). Pero de allí se han ido yendo todos. Quedaba Belén Esteban, torciendo el morro, y Kiko Matamoros. Ya se han marchado y solo quedan Carlota Corredera («gorda traicionera») y María Patiño («no me llames desequilibrada») haciendo el feminismo gubernamental que más o menos consiste en retirar de la tele al Conde Lecquio. El feminismo también se ha cargado el «Sálvame».

«Gran Hermano» sigue esas reglas de herencia boomer; la «Casa de los gemelos», en principio, no iba a tenerlas. Morgan vs. Fuentes. Se hablaba de todo allí; por ejemplo, Labrador y La Marrash, sucesora temperamental de Ylenia:

-Ahora misma la raza blanca estamos en decadencia

-¿Porque cuatro mujeres no quieren ser mamá por la mierda de vida que nos ofrecen?

Marrash y las demás se han zurrado alguna vez y a todo el mundo le parecía alta comedia, pero cuando Labrador, incomprendido, le arrancó la peluca a una drag queen (Cherylin) incurrió a la vez, como en un premio de las tragaperras, en machismo, transfobia y homofobia, y fue expulsado por odio de verdad. Aunque no era un comportamiento edificante, esto se vivió con decepción. No solo era injusto y carente del debido proceso. La ilusión del Salvaje Oeste, de una ciudad sin ley, de entrar a un concurso (un espacio neutro de convivencia) con el contador de victimismo a cero se había desvanecido.

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