Gaudí 1936
Gaudí 1936
Por Xavier Rius
13 de junio de 2026

Si a Gaudí no lo hubiera atropellado un tranvía en 1926, probablemente lo habrían ejecutado diez años después… al inicio de la Guerra Civil. En los primeros días del conflicto, cuando los anarquistas campaban a sus anchas, quemaron su taller en la Sagrada Familia. Destruyeron no sólo los planos, sino también dibujos y maquetas. Todo fue pasto de las llamas. 

Es un asunto un poco tabú. De hecho, yo —que tengo cierta debilidad por la historia— lo descubrí un día por casualidad viendo un reportaje emitido por TV3 el 15 de noviembre del 2019. «El taller de Antonio Gaudí quedó destruido a causa de un incendio en julio de 1936, al comenzar la Guerra Civil», explicaba una voz en off. ¿Pero fue un incendio fortuito? ¿Por causalidad? ¿A consecuencia de un rayo? No, claro, fue intencionado. 

Un discípulo del arquitecto, Juan Bassegoda Nonell (1930-2012), llegó a documentar en un libro la destrucción del patrimonio religioso en esa época: «La arquitectura profanada» (1990). Entre otros edificios, la Catedral nueva de Lérida, las Carmelitas de Tarragona y un montón de iglesias parroquiales y ermitas románicas. Sin olvidar Santa María del Mar. Popularizada por el escritor Ildefonso Falcones con el nombre de Catedral del Mar. Impresiona por su desnudez interior. Lamentablemente porque quemaron sus retablos barrocos. No quedaron en pie ni las vidrieras históricas.

Es como las obras de arte de Sijena, que la Generalitat presume de haber salvado del deterioro. En realidad, fueron milicianos catalanes los que prendieron fuego al monasterio. El diputado de VOX e historiador Manuel Acosta lo recordó un día en un pleno del Parlament y se quedaron blancos. Bueno, más bien mudos. Y el Papa ofició una misa en el Estadio Lluís Companys, nombre oficial que a muchos les pone los pelos de punta. Al fin y al cabo, en los primeros meses de la Guerra Civil —con él como president—, mataron a entre 8.000 y 14.000 personas, según diversos historiadores. De los cuales, unos 2.500 eran religiosos, incluidos cuatro obispos.

La verdad es que ahora se enaltece a Antoni Gaudí por su vida y su obra, pero murió casi como un perro. En teoría, atropellado por un tranvía en Gran Vía esquina Bailén. Ahora, cien años después, han puesto una placa en el suelo. Lo cierto es que tardó en recibir atención médica, lo que sin duda agravó su estado. Como iba vestido como un pordiosero —con imperdibles en vez de botones—, no pararon ni siquiera algunos taxis. Primero lo llevaron a un dispensario cercano y luego, por su gravedad, al Hospital de la Sant Creu, donde acabó falleciendo tres días después. En vida también fue menospreciado. La Casa Batlló recibió popularmente el nombre de La Pedrera, cantera en catalán, por sus formas. Hasta fue objeto de recochineo en la prensa satírica de entonces.

Incluso se le reivindica casi como un mártir del catalanismo. En 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, se negó a cambiar al castellano y fue detenido unas horas por desobediencia. La historia de Cataluña, sin embargo, está llena de catalanes buenos y malos. Algunos, como el timbaler del Bruc, Jaime Balmes, y Joan Prim están ahora en la lista negra. Este último, de profesión militar, llegó a presidente del Gobierno, aunque su asesinato no fue nunca esclarecido del todo.

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