Heredando el micrófono
Heredando el micrófono
Por Rafael Nieto
31 de mayo de 2026

Se extiende una sensación de irrealidad en el sufrido pueblo español a medida que pasan los días, crece el escándalo que rodea al PSOE y no pasa absolutamente nada en términos políticos e institucionales. Nos referimos, por supuesto, a que no dimite nadie, ningún alto cargo es destituido y nadie fallece por un ataque de vergüenza propia o ajena. Los españoles se asoman a la ventana del televisor o del teléfono y contemplan este sórdido anochecer de nuestra patria, carcomida por sus peores hombres, por los más cobardes y corruptos, sin que jamás pase nada. Ni una miserable moción de censura, nada. Como si esta plaga fuese una maldición que es imposible evitar ni eludir.

Pero cuando una nación llega a este punto de carcoma moral y de colapso colectivo merece la pena pararse a analizar, aunque sea con la brevedad que exige una columna periodística, qué razones profundas podrían explicarlo. Cómo es posible que nos estén robando no solamente el dinero, sino también el decoro y la dignidad nacional, sin que haya más movimiento que alguna manifestación con banderas rojigualdas y gritos de indignación hacia el tirano. Qué ocurre para que no estalle todo, para que vuelen las sillas y las mesas como sucede en las películas de Bud Spencer y Terence Hill. Qué tiene que pasar (¡me lo he preguntado tantas veces que casi me aburro a mí mismo!) para que España despierte y se lance a trompazos a reconquistar su libertad.  

Estos días probablemente hayan asistido ustedes al cambio de cromos en dos de las principales emisoras de radio de España. Ya saben que los micrófonos ahora se heredan como desde siempre se han heredado las coronas en las monarquías. Carlos Herrera hace años que puso a su hijo cerca de su trono de la Cope en la certeza de que, cuando llegue su jubilación, el niño (que ya es padre) estará bien colocado para continuar con el show fosforino. Lo mismo ha ocurrido esta semana en Onda Cero y en la Cadena Ser, sostenes sistémicos del bipartidismo rampante. Se marcha Ángeles Barceló pero su trono lo ocupará Aimar Bretos; y Alsina, que admite estar muy gastado, dejará que Rafa Latorre haga la parte más dura de las mañanas. Todos cumplimos años.

Las cúpulas de los medios de comunicación españoles se parecen como gotas de agua a las cúpulas de los partidos políticos que vienen gobernando desde la muerte de Franco. Son la cara A y B de una misma realidad sistémica. La democracia se la dejan mayormente a los demás. Ellos prefieren mantener un sistema de castas que, en la práctica, equivale a realizar los cambios de quienes se marchan con clones que realizan exactamente la misma labor de zapa: la demolición de todo lo tradicional y su sustitución por ideología woke. Recuerden que el objetivo sigue siendo que todo quede atado y bien atado, pero además ahora dando la turra con la palabra «demócrata» todos los días. 

Es indiferente que las mañanas de la Ser las conduzca alguien tan servil al tirano como ha demostrado ser Ángeles durante los últimos años, o el niño bonito de Iñaki Gabilondo que lo hará a partir de septiembre; no habrá ninguna diferencia real, más allá de pequeños cambios de estilo. De igual modo, el siempre almibarado Alsina (el locutor que puede salir a hacer un directo a la calle, en medio de una tormenta tropical, y seguro que no se moja) deja su trono de Onda Cero en «buenas manos» para que la derechita cagapoco siga teniendo el trato privilegiado que le ha venido permitiendo confundir, manipular y engañar a la mayoría de la opinión pública en esa emisora. Se cambian los cromos y todo continúa igual. Como en Génova y en Ferraz.

Y es que el periodismo sirve a la sociedad cuando se ejerce con libertad y responsabilidad, rindiendo obediencia a Dios y a la propia conciencia. Y al revés, se corrompe, se degrada, se envilece, se llena de inmundicia cuando bajo una apariencia periodística se ocultan en realidad simples amanuenses y servidores del poder establecido. Cuando no entiendan por qué nunca pasa nada en España, y por qué nos roban a manos llenas y continúan en sus puestos los ladrones, pongan la radio y la televisión que riega el bipartidismo con el maná del dinero público, de nuestro dinero. Verán por qué se heredan los micrófonos en España con la misma normalidad con que, desde siempre, se han heredado las coronas. 

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