Influencer se explica
Influencer se explica
Por Hughes
5 de septiembre de 2025

Con María Pombo sucede que ya la conoces pero sigues sin saber por qué. Es la fama incompleta de los influencers. Esta semana fue noticia por presumir de no leer. Mostró unas estanterías sin libros y dijo que los aficionados a la lectura no son superiores. Les bajó los humos, en caso de tenerlos altos.

En la prensa inglesa habían salido estos días unas noticias sobre el derrumbe de la lectura, así que María Pombo estaba haciendo bien su trabajo de ser tendencia, estar a la moda, ser totalmente representativa.

No es exactamente que se lea menos, es que cada vez hay más gente que no lee; los que leen se van quedando en menos, aunque a cambio compran más libros. Se polariza la cuestión, como todo,

Según los estudios, muy poca gente lee ya por placer y caen en picado los niveles de comprensión y agudeza lectora. Muchos adultos leen como leían los niños de diez años.

Estaríamos entrando no en un nuevo analfabetismo sino en la postalfabetización. El prefijo post es muy socorrido, cuando no sabemos la que se nos viene encima lo ponemos.

María Pombo quizás tenía razón con su «no sois mejores».  ¿Hubiéramos tenido acaso guerras mundiales sin lectura? La alfabetización condujo a las ideologías. Era el precio a pagar para leer luego a Pérez Reverte.

En lo de la Pombo había otra cosa. No tanto lo que decía como la forma de decirlo, la conexión entre las dos. Su manera de mover las manos al hablar era el gesto que hacen muchas influencers cuando explican algo en tik tok, en Instagram…. es el gesto de las oradoras de Internet. Juntan el pulgar con el resto de los dedos como hacen los italianos, pero le dan la vuelta y lo dirigen hacia la pantalla, como si fuera un puntero proyectando sus puntos de vista; como si al hablar dibujaran con las manos los picotazos de una cabecita de avestruz.

A veces, sobre todo en EEUU, afinan el gesto un poco más. Unen solo tres dedos: el índice, el pulgar y el medio, como los ortodoxos al hacer la señal de la cruz y con esa trinidad digital, como si cogieran las alitas de una mosca, acompañan su elocuencia.

En ocasiones dibujan con su movimiento la forma de terminante rúbrica que (al menos en las películas) hacen con un dedo las mujeres negras para subrayar algo definitivo o el final de un góspel (oooh, yeaaah).

Ese gesto une a las creadoras de contenido chonis (con uñas llamativas se nota más) y a las pijas.  Unifica una elocuencia que, ya vemos, no necesita de los libros. Por la razón que sea, esto lo hacen solo las mujeres.

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