En el último debate de política general en Cataluña, Ignacio Garriga terminó su intervención del pasado miércoles con estas palabras: «Ni sus amenazas ni sus gritos nos van a amedrentar. Prepárense, porque les queda muy poco para estar en el Gobierno de España y aquí sentados. Los vamos a echar a la papelera de la historia».
Debió de doler porque el diputado de los Comunes Lluís Mijoler le dijo «nazi» desde su escaño. No lo hizo a micrófono abierto, claro. Pero resonó en el hemiciclo. En las propias imágenes —las colgué en mi canal de YouTube— se pueden leer incluso los labios.
Garriga, que había abandonado ya la tribuna, volvió sobre sus pasos y se quejó al presidente de la Cámara. Josep Rull intervino entonces, pero no llamó la atención al diputado. «Por favor, por favor, señor Mijoler, si quieren intervenir por alusiones pueden hacerlo; pero no hagan reproches entre ustedes al margen de lo que establece el reglamento».
La frase refleja también la pasta con la que está hecho Rull porque él mismo oyó el exabrupto, no le llamó al orden y pidió que tampoco hicieran «reproches entre ustedes». No es un reproche, presidente, es un insulto. Que yo sepa, VOX no ha gaseado a seis millones de judíos. Más bien estoy seguro de ello.
No deja de ser curioso, además, que luego interviniera Illa solo para decir: «Señor Garriga, ustedes son odio. Cataluña necesita futuro y esperanza». Parece que tampoco oyó el exabrupto. Imposible.
Ignacio Garriga pidió entonces la palabra por alusiones, pero no entró al trapo del parlamentario de los aliados de Sumar: «El odio lo representan ustedes, el Partido Socialista, y nosotros representamos la esperanza y la alternativa para todos los catalanes». Las intervenciones precedentes habían sido un toma y daca entre el número dos de VOX y el presidente de la Generalitat. Sin pelos en la lengua por parte del primero.
A continuación le correspondió intervenir a Jéssica Albiach, la jefa de filas de los Comunes, y empezó diciendo que «he de confesar que se me hacía difícil salir a hablar después de todas las barbaridades que hemos escuchado». Entre las «barbaridades» citadas tampoco incluyó el «nazi» de su colega de escaño. Por fuerza tuvo también que haberlo oído.
Lo bueno es que, en cambio, intentaron sancionar al portavoz de VOX, Joan Garriga, porque en octubre de 2025 —se lo conté en mi artículo anterior— la formación editó unos carteles con la frase «Lluís Companys, asesino». Un personaje intocable en la historia oficial de Cataluña.
La Comisión del Estatuto de los Diputados le incoó un expediente y otro por decir, unos meses antes, que los socialistas habían gastado dinero en «drogas y putas». Todo ello, a pesar de que durante el proceso decían que «en el Parlament se tiene que poder hablar de todo». De hecho, fue la coartada de Carme Forcadell para intentar escabullirse de sus responsabilidades judiciales durante el juicio del Supremo. No lo consiguió.
Al final, la cosa quedó en nada y hubo sólo dos amonestaciones públicas de la Mesa en vez de sanciones económicas. Saben que, ante los tribunales, lo perderían. Aunque VOX dice que, si no reconsideran su actitud, las llevarán también a la justicia. De lo que estoy seguro es de que al diputado Lluís Mijoler no le abrirán investigación alguna. Insultar a un dirigente de VOX sale gratis. Incluso llamarle «nazi».