Cuando oigo a un joven español llamar a otro «bro», en lugar del más español compadre, o tío —al menos,— se me revuelven las tripas. No es que no me guste la expresión, que tampoco, es que lo que tiene detrás no es bueno para la juventud. Todos vemos posts de X o vídeos con jóvenes españoles manifestándose y bailotear con la gestualidad de un joven afro del bronx, que resultan tan antinaturales como ofensivas. Y así… no parece haber más música que el reggaetón. Y dentro de este triunfa la versión con más que explícitas letras coreografiadas frecuentemente con eso del perreo. Se ha normalizado tanto este tipo de músicas que hasta Karol G cierra el Encuentro Mundial sobre la fraternidad humana. Las muy espirituales letras de Karol G parecen haber ameritado su presencia en el evento, con el consiguiente estupor (y temblores) generales, perfectamente puestos de manifiesto por el Padre Ravasi en su cuenta de X.
No hubo «fraternidad humana» para Irina Zarutska por sus compañeros de vagón del metro de Nueva York. todos ellos «bros» cuando otro «bro» le asestó una puñalada mortal sin mediar palabra. Irina sí era una refugiada, una inmigrante que viene de una guerra y no los miles de marroquíes y argelinos que llegan a las costas españolas en las «flotillas» de cayucos fletados por la política de «openarms» del bipartidismo patrio y europeo. Esas políticas de multiculturalidad global, de BLM, pusieron de rodillas a un amplio sector de la civilización occidental desde el anterior inquilino del Vaticano a las selecciones de fútbol —véase la inglesa—. Y así, de rodillas, tienen ahora a una parte de Europa, que espera postrada como su multicultural «hermano» le da su fraternal cuchillada.
Qué distintas esas fotos, llenas de deshonor e indignidad, a las gallardas estampas de los cristianos coptos vestidos con mono naranja, esperando el espadazo del martirio de sus verdugos del Estado Islámico en las playas de Libia. La franja sur del Mediterráneo tuvo comunidades cristianas muy florecientes, San Agustín nació en Tagaste (Argelia) o el mismo evangelista San Marcos nació en Cirene, antigua ciudad griega de la actual Libia. La expansión del islam terminó con todo aquello. Nada dura si no se defiende. En la costa norte del Mediterráneo, la nuestra, vemos todos los días el efecto devastador de confundir hermanamiento con la anarquía y el desorden. Santiago Abascal denunciaba esta semana en el Congreso las consecuencias de esta invasión, habrá que llamar a las cosas por su nombre: violación en Hortaleza de una chica de 14 años, Roquetas del Mar, Canarias… la lista desgraciadamente se actualiza cada día.
La falta de referencias sólidas, el complejo de inferioridad ante esas «culturas» que llegan, ha hecho que hayamos rendido las armas. Nuestra cultura no es el hiyab, la fiesta del cordero o el degenerado Bacha – Bazi pakistaní. Y ojo que todo podría llegar si las cosas son admitidas porque son «su cultura». Nuestras referencias han de ser —son— otras y están en peligro como decía Charlie Kirk: «La batalla espiritual está llegando a Occidente y los enemigos son el progresismo o el marxismo, que se combina con el islamismo para perseguir lo que llamamos el estilo de vida americano u occidental». Compartir ese estilo de vida implica unos códigos comunes, y un mismo concepto general de pecado. Eso es lo que nos hace hermanos, compadres. Y eso no lo tenemos en común con los «bros» o los «amegos». Bien lo decía Kirk y por eso han acabado con él. Para él vaya esta oración que antes fue el responso de otro joven español caído por las balas del mismo tipo de enemigos. Matías se llamaba. Que Dios conceda a Charlie el descanso, y a nosotros nos lo niegue hasta que no sepamos cosechar (para Occidente) los frutos que siembra su muerte. Descanse en paz, Charlie Kirk.