La bachata de Rufián
La bachata de Rufián
Por Hughes
17 de octubre de 2025

Rufián ha sido visto y además grabado bailando con Ester Expósito y esto no es solo un chisme o la indiscreción de alguien con un móvil: es el pronunciamiento definitivo de España sobre el golpe catalán y la amnistía. Ya pueden dejar el tema los pocos que siguen hablando de ello. Lo que dijera el TC no es que importara mucho, pero ahora hay una sentencia superior y definitiva, la sentencia suprema que supone ver a la Expósito bailando con Rufián. El reproche social ha desaparecido, si es que existió alguna vez; y ni hablar de la fractura. Todo ha sido perdonado. Así paga España a quien la traiciona, a quien forma parte de un partido golpista y separatista: se lo da todo. Madrid se abre bien abierta.

España ama a los horteras, a los sinvergüenzas y a los echaos p’alante y la persona honrada, como decía Roca Barea, tiene que intentar disimularlo. Que no se le note demasiado.

Rufián, simpático caradura, ha conseguido algo. Ha demostrado, bailando con la más guapa, todo lo que decían de la Amnistía. Él ha encarnado, con su éxito en Madrid, el espíritu de esa ley.

Su baile era amnistía hecha forma. El que lo grababa decía «Rufi, cómete a la Ester», pero yo hubiera dicho: «Rufi, hazlo todo bachata». Estaba logrando para los suyos, embajador total, la evidencia, la viva imagen de la absolución.

La lucha contra el fascismo de Rufián, que se superpone a su lucha contra el centralismo opresor, le ha llevado a sacrificios como tener que estar en Madrid un miércoles por la noche bailando bachatas hasta la madrugada con una actriz de Netflix.

Eso en cuanto a los desvelos. Al día siguiente, le toca enfrentarse al tercer grado de Vito Quiles. El martirio de este chico no está pagado. Rufián vive como uno de esos espías rusos obligados a calcar la vida de un perfecto inglés.

Al regresar, uno de los integrantes de la Flotilla de Gaza contó que fueron sometidos a una «tortura sibilina». Es una tortura que puede no notarla ni el mismo torturado. Quizás esto hace Madrid. Una tortura tan misteriosa que hay que fijarse dos veces. Por ejemplo, en El Mundo contaron que Rufián también ha sido visto cenando con Gonzalo Miró. No es todo un camino de rosas…

Lo mejor de la noticia es que abre la posibilidad, por remota que sea, de que Rufián pudiera emparentar con Ángel Jo-tío-macho Expósito, tito de la beldad y voz grave de la COPE. Imaginarlos en Nochebuena, al xarnego oficial y al tron castizo, es para saltar al mar y salir nadando a crawl hasta el Open Arms (que nos traería otra vez, en bucle infernal), pero también despierta cierta compasión. Rufián, después de todo, puede acabar odiando Madrid.

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