La caza
La caza
Por Carlos Esteban
17 de agosto de 2026

Las vacaciones siempre me hacen sentir nostalgia de las sociedades cazadoras-recolectoras. En vacaciones, aunque no sean mis vacaciones, el mundo se me hace demasiado grande, innecesariamente grande y complejo, y lo que es el pan y la sal de mi trabajo, lo que pasa por ahí adelante, se vuelve remotísimo. Se me hace irreal, como una fábula.

Las noticias llegan como un rumor a este sitio pequeño, como debían llegarle al campesino medieval las nuevas sobre el sitio de Jerusalén o la caída de Granada. 

Durante el año vivo en un sitio enorme, en una casa desmedida en la que es urgentísimo que sepa, comprenda y analice los aranceles de Trump o la última directiva comunitaria, cosas que superan con mucho mis posibilidades de control y alcance; cosas que sin duda llegarán a mi vida de una forma u otra, según lo previsto y de maneras completamente inesperadas pero terriblemente reales.

Pero, por ahora, lo que tiene consecuencias inmediatas es lo que yo haga. Por el momento, mi universo es abarcable, como el de un cazador paleolítico. Solo que sin ninguna de las habilidades de un cazador paleolítico y sí las comodidades maravillosas de nuestra civilización.

No es desinterés, ni siquiera desapego. Es algo más sutil, pero muy real: lo que me falta ahora es ese sentido de urgencia y necesidad de estar completamente al día en todos los asuntos que se me impone durante el curso, y una nueva escala que permite distinguir lo importante de lo urgente, lo que puedo cambiar de lo que no, lo que debo conocer de lo que probablemente se haya olvidado la próxima semana, como una piedra lanzada a un estanque, que hace ruido y ondas y en seguida el agua vuelve a estar igual que estaba.

Pero la nuestra es una profesión condenada a esa perversión de las escalas, a depender del último dato, a tener que hacer la crónica de la más reciente declaración, sin capacidad casi física, por la tiranía del reloj, para separar el trigo de la paja. 

Es este lugar pequeño, este ritmo lento y perezoso de las nuevas horas, lo que me hace mirarlo ahora con esta mirada extraña. Ustedes me disculparán: me está esperando la partida de caza.

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