La gran transmisión
La gran transmisión
Por Hughes
1 de octubre de 2025

Con la palabra «boomer» sentimos ya un principio de hartazgo. Yo ya no la diré más. El debate generacional ha pasado estas semanas por todos los periódicos españoles, señal de que mucho tampoco molesta. En lugar de segmentar cabreos, lo suyo sería unificarlos, pero todo conspira contra la unidad (la unidad es fascista).

Tras la brecha de género viene la «generacional». En las «brechas» hay una trampilla conceptual, una cierta distorsión óptica.

El concepto, con todo, sigue siendo útil porque llama la atención sobre la realidad invivible de los jóvenes y bien podría hablarse de otra brecha mucho más precisa: la que separa el salario español, chato, precario y con raquitismo, del precio de la vivienda, inflacionado, internacionalizado y tendente a la eternidad de lo hipotecario. El salario es El Fary, el alquiler o el metro cuadrado es Gasol.

Parece que lo generacional se ha independizado, ha saltado desde su condición previa y auxiliar de perspectiva con la que mirábamos realidades en crisis como el sistema de pensiones, la productividad o la vivienda.

Estos problemones se ven, por el joven, como colosales montañas de los Alpes desde abajo. El joven las ve como el ciclista amedrentado que deberá subir el Alpe d’Huez cargando con un señor tributario a la espalda.

Nunca fue fácil emanciparse en España, pero ahora está en chino, y ya no se trata de ese comienzo, ni del hecho cultural y fundacional (y probablemente franquista) de ser propietario; se trata de la simple urgencia de tener un techo en el que estar y del que no te tiren. Se vive con auténtica ansiedad y afecta a mucha gente.

Los jóvenes, abrumados por el mercado de trabajo, el inmobiliario y hasta el sexual que también se liberalizó, ni siquiera pueden fantasear con la revolución ni con vuelco alguno porque también son menos. Demográficamente también están condenados. Y no les queda nada…

Contaba el demógrafo Macarrón que es ahora cuando empiezan a jubilarse los boomers, que hasta el momento estaban siendo los mayores, la benemérita generación anterior. O sea, que les queda tela…

Se le da tanta caña al búmer que su defensa se ha convertido en un subgénero tentador. Si se vence un primer escrúpulo, aparecen argumentos. Por ejemplo, son los que más impuestos pagan, consecuencia, también es verdad, de ser los que más tienen (nadie dijo que la defensa fuera fácil).

La diferencia patrimonial entre los viejos y los jóvenes es una brecha natural que aumenta. Por eso en Francia han hablado de La Gran Transmisión. Los boomers de allí poseen la mitad de la riqueza francesa y en los próximos años, ante lo inevitable del hecho biológico, será transmitida. Se estima que en poco tiempo nueve billones de euros cambiarán de manos, como el efecto de una revolución. Quizás esa sea la única que veamos.

Esta Gran Transmisión será una Gran Tentación para el Estado, y este debate de los boomer servirá para señalarla, para poner un asterisco sobre esa riqueza. Se discutirá cómo gravarla.  

La transmisión irá a manos de la generación millennial, los que ahora están entre 30 y 45 años.

En su reciente libro sobre la cuestión, La vida cañón (Temas de hoy), Analía Plaza explica que los millennials herederán más que los boomers porque son menos y hay más a repartir. Los boomers aun nacieron en familias numerosas y les tocó dividir (¿ven como no todo fue fácil?). Hasta 2042, los boomers aun heredarán unos 177.000 euros de media que en los millennials serán cerca de 300.000.

Mucho joven que va de Cohn-Bendit ondeando la bandera de la Generación Z en realidad ya tiene pelitos y será un privilegiado millennial que herede lo que nadie en la historia de España.

Pero dirigir la mirada hacia esa Generación Y sería miope. Entre ellos habrá tales disparidades que la solidaridad generacional de estos años les sonará a pecadillo de juventud. A fugaz proclama. A veranillo tonto. Como un Woodstock que vivieron en las redes. Ya no habrá boomers y el odio intrageneracional será africano.

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