La Manada, diez años después
La Manada, diez años después
Por Hughes
8 de julio de 2026

Diez años de La Manada. En el repaso de los periódicos no se han ahorrado de nuevo la página con las caras. Cómo nos quedamos con sus caras… Vienen acompañadas de un repaso a su situación penitenciaria, sus arrepentimientos y lo que parece la fractura de una posición común. En un diario abrieron un pequeño sumario para resaltar que uno de ellos se llevó unas gafas de sol en un permiso.

En la investigación hubo un instante curioso. Personas del entorno de Bildu en el ayuntamiento de Pamplona buscaban entre los turistas a unos chicos andaluces guardias civiles. Me sorprendía entonces que nadie viera la ‘ironía’. Detectar guardias civiles de paisano no era, digamos, nuevo.

Casi simbólicamente, en Pamplona se pasaba del malo etarra al nuevo malo oficial: el macho ibérico. Del terrorismo antiguo al nievo: la violencia de género. Es más, los del entorno de los primeros ayudaban, con su nueva sensibilidad, a detectarlos.

Recuerdo el caso con asombro. Las opiniones, la casi total unanimidad. Creo que el espectáculo me sumió en un estado de estupefacción que se fue agriando hasta formar otra capita más de misantropía.  

El tratamiento del juicio en los medios fue espeluznante, se machacó al juez discrepante (también los y las que hoy dicen defender al poder judicial) y hubo un momento, ya de soltar pedorretas de enloquecimiento como Millán Salcedo, cuando el «sólo sí es sí» empezó a debatirse en los periódicos, por supuesto con toda solemnidad; se estudiaba una nueva forma de acercamiento o de regulación del acceso carnal.

Fue el inicio de una locura que no ha dado nada a la mujer, salvo a las colocadas y a las trepas. Hubo mujeres en esos años que cayeron profesionalmente por no subirse al tren que partía hacia el absurdo. Mujeres no necesariamente de derechas. Es gracioso cuando se preguntan de dónde salió el Sanchismo. Pues hombre, para empezar, de estados ‘morales’ colectivos como el caso de La Manada.

La cantidad de dinero que se metió en El Movimiento fue mareante. Creo, y hablo de memoria, que no hubo lugar en el mundo con semejante despliegue. El nivel de defensa o apoyo a una minoría que significó el nuevo feminismo en la España de hace una década (la minoría era la mujer) solo tuvo parangón en el mundo con la defensa en Israel de los judíos (otra minoría, pero con un holocausto encima).

La regulación del consentimiento no solo fue una complicación jurídica de pobres resultados. Con el tiempo pareció simplemente una satisfacción, otra más, a la mujer española. Luego supimos que las mujeres consumían más porno con violencia hacia la mujer que los hombres y que 50 sombras de Grey era el libro más comprado de la década… El deseo femenino, y eso lo intentó contar alguna vez una de las Serra, se alimenta de la fantasía de la humillación y la violación.

Además de dar herramientas nuevas de poder al mayor caladero de votantes, de crear otra frontera de legitimidad en el nuevo consenso y de capitalizar políticamente una violencia tan antigua como el hombre, o más bien anterior, la sensación es que el legislador se puso a indagar en el deseo femenino. ¿Cuántos de esos debates no eran una gran fantasía sexual de la mujer española? Legislador, legisle contra nosotras; revele nuestro oscuro deseo (que todo hombre es un potencial violador) y protéjanos de ello. O mejor: denos el poder absoluto en todas las relaciones salvo en las que no deseamos tenerlo. Ese feminismo que problematizaba al varón (el antiguo feminismo ya había conseguido el objetivo de no plancharle las camisas) no protestó cuando entraron millones de nuevos hombres.

A partir de entonces no dejó de aumentar la violencia sexual hacia la mujer. La versión oficial es que fue por la concienciación ministerial. De las violaciones y salvajadas de otras manadas no se supo más.  

Diez años pasan muy rápido. Ha sido un suspiro. Supongo que en la cárcel la cosa va más despacio.

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