La máxima expresión del cinismo 
La máxima expresión del cinismo 
Por Jaume Vives
4 de diciembre de 2025

Me contaba una amiga que, actualmente, a las mujeres que abortan en avanzado estado de gestación les ofrecen una serie de protocolos para que puedan despedirse de su hijo y de este modo el síndrome posaborto (que supuestamente no existe) sea mucho más llevadero.

Evidentemente, cuando me lo dijo, mi sorpresa fue mayúscula, así que necesité confirmarlo con un profesional que trabaja en un hospital de referencia pues necesitaba verificar que la humanidad hubiese llegado a semejante nivel de cinismo. Y sí, hemos llegado. 

A los padres que aborten y lo deseen se les ofrecerá un ambiente «íntimo y cálido» así como «todas las medidas encaminadas a fomentar el vínculo con los padres y favorecer un ambiente de confort».  Para que «permanezcan con el RN (recién nacido) el tiempo necesario para despedirse».

Si lo desean es «posible facilitar la creación de memorias tangibles (fotografías, improntas, piezas de ropa…) en la ‘caja de recuerdos’ […] o en un sobre cerrado con algunas memorias por si lo quieren abrir pasado un tiempo”. Y dice también: «En caso de que los padres no quieran verlo/a se puede ofrecer la posibilidad de tenerlo en brazos adecuadamente envuelto en una toalla».

Esos protocolos, con muy buen criterio, se aplican también a padres que dan a luz a hijos muertos de forma natural, o con enfermedades limitantes o incompatibles con la vida. Y están pensados a modo de cuidados paliativos perinatales. 

La realidad y los protocolos vuelven a demostrarnos que el aborto es el asesinato deliberado del propio hijo, que existe un duelo y que, en el caso del aborto, este duelo se ve agravado por el hecho de estar tal crimen propiciado por los mismísimos padres asesorados por los profesionales sanitarios.

Al final resultará que el síndrome posaborto sí existe y que, descubriendo la comunidad científica que está más extendido y es más grave de lo que se dice, requiere de unos protocolos que permitan aligerar el malestar que pesa sobre la conciencia de los padres. 

Y así, vistiéndolo como de la despedida de un hijo muerto por enfermedad o nacimiento prematuro, los médicos y los padres participan de una escenografía siniestra que esconde una realidad dramática y sangrante: los mismos que lloran la pérdida y preparan la «caja de recuerdos» son quienes empuñan el arma que da muerte a un inocente.

El colmo del cinismo disfrazado de fotos, peluches, piel con piel y lágrimas de cocodrilo. Un simulacro perverso, humanamente imperdonable. ¡Suerte que Dios todo lo perdona! 

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