La polarización salchichera
La polarización salchichera
Por Hughes
16 de diciembre de 2025

Es un clásico ya, llegando Navidad, el anuncio de la marca de embutidos intentando tocar el corazón de los españoles con «lo que nos une», un mensaje de tierno conformismo alrededor de una loncha (loncha en el sentido literal). Este año el anuncio versa sobre la polarización y no ha gustado a la izquierda, a las «personas de tripas soñadoras» (Iván Redondo), porque ya les parece mucha equidistancia.

La polarización viene a ser lo contrario de la moderación y para superarla, Moreno Bonilla propone una tercera vía, la vía andaluza, «el tercer camino de la moderación», como si hablara de un chakra.

El autor de la frase «no soy guapo, pero es más importante ser atractivo» reconoce, pese a todo, que en España se enfrentan «dos modelos sociales distintos». Moreno Bonilla ha notado que se le acercan las mujeres, pero a él ni fu ni fa.

El otro, El Guapo, compareció en su casa, no en el Congreso, para su «ejercicio semestral de rendición de cuentas». Sánchez nos «interlocutó» en una larga exposición que despertaba en el ánimo una sensación como checoslovaca.

Junto a un bono de transporte para viajar en trenes atiborrados, anunció que no va irse (pero ¿por qué nos han convencido de que se iría?), así que del fin de legislatura solo nos separa el sueño húmedo del PP: que la UCO entre como Tejero en el Congreso a lomos de un caballo llamado Estado de Derecho (lo de reunir votos suficientes empieza a parecerles ya un populismo cuesta arriba).

Uno no vive en Madrid si no deja caer que conoce algo muy grave sobre Sánchez y que tiene los días contados, pero la verdad es que lo escuchas y casi que te convence. Desde luego, de Europa no le van a apretar.

Ayer prometió seguir con lo que le ha convertido en Uomo del año: más políticas verdes, crecimiento con inmigración, Estado de Bienestar (asadito fiscal) y mimar a colectivos vulnerables como los pensionistas, las mujeres y los catalanes.

Es evidente que dos modelos se enfrentan, pero no en España, sino en Occidente y ahí el PP figura en el mismo bando que el PSOE y los Merz, Starmer y Macron. Por eso Ayuso llama «ultras» a Vox.

Todos señalan a María Guardiola, pero ¿acaso dice cosas peores? Si las cambiaran como en Tú a Boston y yo a California, y llevaran a Ayuso de presidenta a Extremadura, ¿subiría el PIB o el PAN? Le hablaría a Occidente desde Almendralejo.

El PP ha vivido de los restos de Ciudadanos, ya fagocitados, y ahora pretende hacerlo de lo que vaya cayendo del PSOE, que es por ello PSOE bueno. A los intelectuales de estos mundos periclitados los integra Ayuso en el Gran Madrid de los Acentos y la soberbia aznarista, que sobrevive en su dedito de ET y en la dicción Cashetana, los amalgama con su liberalismo iraquí.

Pero que no exageren. Su polarización se queda en el echar a Sánchez. Luego ya, como confesó Moreno Bonilla, vendrá la moderación y «todo va a ser más fácil».

Sin embargo, hay otro PP oportunista, madrileño y bocón que funge de duelista civilizacional como si formara parte de ello, como si hubiera hecho algo al respecto. Ahora, por ejemplo, están con La Ley de Viogen ¡veinte años después!

Ese PP (Ayuso, los medios y ojo, el PP de paisano que es medio Madrid) se comporta como un gorrón sobre el trabajo ajeno. Free riders. Gorronean la oposición real de Vox en España, esa música combativa, y en el exterior pretenden surfear la ola de Trump mientras lo ponen a parir, como si Milei o Kast les tocaran algo. Esa polarización que divide Occidente aquí no llega o hacen lo imposible porque no llegue. La nuestro cabe en un anuncio salchichero con Ana Rosa diciendo «me gusta la fruta» y los cómicos poniendo carita de posguerra.

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