En Vox se iban los liberales y se quedaban los falangistas. Hasta ahora, que Ortega Smith sería sustituido por «perfiles más trumpistas», según la inagotable fuente de placer narrativo que es el editorialista de El Mundo.
Ortega ha hablado de «purgas de Stalin«, y la Siberia de Vox sería estar todo los días en los medios de la derecha y ser reconocido como «talento» (un Endrick) por el ojeador de Génova.
Si el fascismo está siempre llegando, Vox está siempre «cerrando filas» y siempre «girando»; podría pensarse que el límite son 360° pero aun es mayor la famosa «deriva de Vox» que tras una década derivando ha acabado en «el universo ideológico de Trump«, lo que situaría al partido «en una órbita que desborda el marco de la derecha constitucional española». Van más allá esta vez (mi enhorabuena): se trata de una «cesión de soberanía». No del PP, que vota al silbato con todo el PP Europeo, sino de Vox por estar en un movimiento que «cuestiona el orden liberal».
A ver si lo entendemos. El orden liberal es que los narcos dominen la política del continente americano, llenen de drogas Estados Unidos, aumente la mortalidad de su población y entren diez millones de ilegales a votar con un ticket del McDonald’s. Eso es orden liberal. Y cuestionarlo es presentarse a unas elecciones proponiendo cerrar la frontera y reducir el crimen, ganarlas y para colmo cumplirlo.
Cuando Trump habló de «bad hombres» no se refería a los hispanos, sino a los ilegales del narco, y cuando dedicó estos meses a que el ejército limpiara las ciudades no era de «ciudadanos», sino de ilegales, posibles narcos. Tenía sentido si Trump había declarado organización terrorista al Cártel Jalisco Nueva Generación, que contaba con hornos crematorios donde no hacían tingas de pollo precisamente.
Con el orden liberal no sabemos, pero en unos meses ha acabado con Maduro y con El Mencho, jefe de los narcos. Entendemos la consternación socialista, un poco menos la de los otros.
Trump, que ya va por su cuarto intento de asesinato, es el tío del saco pero mientras el PP —ayer mismo Javier Zarzalejos— lo equipara a Sánchez, el Occidente trumpiano ya se va aceptando con la boca pequeña, y por eso Feijoo toma posiciones en una Tercera de Abc (con todo el cariño, al Abc hay que mirarlo dos veces como a Mickey Rourke): «El orden que surgió tras la Guerra Fría se ha agotado. No es una opinión; es un hecho que los principales líderes occidentales reconocen ya abiertamente» y como tales cita a Meloni (que perdió la i de iliberal) y (ojo) Donald Tusk y Friedrich Merz, del que lo último que nos consta es que ha pedido más inmigrantes.
En una página dedicado al nuevo siglo occidental, a Trump, que lo inaugura, no lo menciona. Es la bicha, es el erizo de tu piel que ya no puedes desprender, es lo prohibido, pero su mundo es una realidad a la que se van adaptando. O sea, que en esa «órbita que desborda el marco de la derecha constitucional española» están locos por ir metiendo la trayectoria, la puntita de la elipse, lo que sea.