La Real realidad
La Real realidad
Por Esperanza Ruiz
24 de enero de 2026

Se cuenta que Torcuato Fernández-Miranda, puente jurídico-político entre en franquismo y la democracia, recomendó a Juan Carlos I ganarse a la izquierda porque a la derecha siempre la tendría de su lado. El mentor del rey entendía que, siendo la república de nefasto recuerdo en España y viniendo la derecha del franquismo, el apoyo de esta sería, como dicen los cursis, orgánico. Desde entonces, la sospecha de una amistad entrañable de la Corona con el partido socialista siempre ha estado presente.

Puede pensarse que aquel consejo don Torcuato se hace fotografía en Adamuz. En la instantánea que retrata una época, Felipe VI forma parte de un grupo nutrido por Letizia, de riguroso luto; María Jesús Montero, candidata a la Junta de Andalucía; Moreno Bonilla, actual presidente de la misma; Óscar Puente, ministro de Transportes y un guardia civil. La foto de familia deja a su derecha uno de los trenes siniestrados. No son pocos los que la han interpretado como una representación del actual régimen. La Monarquía identificada con lo que hay a su izquierda, confundida con el sistema; haciéndose uno con el 78, algo que siempre fu así, aunque a veces tuviéramos la ilusión de que toma distancia, como correspondería a una institución con vocación de trascender. El amasijo de hierros del convoy descarrilado nos parece una alegoría de la nación abandonada y humillada por sus dirigentes.

El rey atiende a la prensa en la zona cero con un discurso sin personalidad, pero cargado de sentido político. Nos recuerda que la fatalidad existe. Introduce con voz calmada, con peso institucional, la posibilidad de que las moiras le hayan jugado una mala pasada al buen hacer de Adif. Letizia interrumpe, trae preparada una frase, hueca y un tanto cursi, como de alguien que no hubiera abandonado del todo ciertos resabios progres. Los medios no tardan en señalar el «patinazo» de Casa Real en el asunto. Sin embargo, todo esto nos resulta familiar. En ese momento, recordamos una consigna apresurada que don Felipe lanzó en Paiporta: no hagáis caso a lo que se cuente de la riada.

Los supuestos deslices del monarca empiezan a tener las mismas «vibes». Sus acciones, un hilo conductor del que quizá Fernández–Miranda estaría orgulloso.

En esta casa nos hacíamos eco del llamamiento del rey, a principios de junio, en Aquisgrán, a desafiar a aquellas voces que clamaran contra el sueño europeo supranacional. Unas «voces» que, no mira a nadie, son el enemigo. Pero el monarca parece señalar. Algunos nos sentimos desubicados cuando la más alta Magistratura del Estado, que debe refrendar a la nación y preservar su unidad, habla de populismos y tilda de equivocados pensamientos que, precisamente, abogan por contener su demolición.

«Más Europa», pedía Felipe VI en Aquisgrán. Y lo repite donde haga falta, sin patinazo. Últimamente, en el televisado mensaje de Nochebuena, en el Parlamento Europeo y en la X Conferencia de Embajadores de España. Y es legítimo preguntarse si se refiere a la Europa de la censura de Thierry Breton. O a la que condena a la muerte civil al coronel retirado del ejército suizo, y antiguo analista de inteligencia, Jacques Baud, por opiniones e interpretaciones políticas respecto de la guerra de Ucrania. Algunos esperamos que no sea la Europa del tough guy Macron. Sus gafas de Cobra —el brazo fuerte del «orden basado en reglas»— no pueden ocultar la desafección que sus conciudadanos sienten por sus políticas y servidumbres. 

Explícito ha sido, por parte de nuestro Rey, el apoyo al acuerdo UE-Mercosur mientras el sector primario del país sacaba los tractores a la calle.

Quizá, si la Corona no es capaz de sostener el sentido de la justicia de la población —o de  alinearse con su futuro e intereses— y opta por parecerse más a una monarquía funcionarial sistémica, muchos preferirán que la figura del rey sirva, únicamente, para recibir los elogios sartoriales de Derek Guy. Poco más.

TEMAS
Noticias de España