Lluvia fina
Lluvia fina
Por Carlos Esteban
24 de octubre de 2026

El PSOE tiene la negra en esto de seleccionar iconos electorales. Mira que está fácil, con lo diversa que es la realidad y la extraordinaria flexibilidad que da hacer de la anécdota categoría, habiendo tantas. Uno puede encontrar suecos bajitos y morenos y alemanes de cepa juerguistas y frívolos, todo es buscar la aguja del pajar de los millones.

Pues no: el partido en el poder (el partido del poder) tiene que hacer bandera de la vivienda, que es como si Genghis Khan quisiera venderse por su suavidad. Y ya, para acabar de arreglarlo, elegir como «estudio del caso», como foto de cartel, a Maricarmen, que Dios la tenga en Su gloria.

Yo sé que para la izquierda la realidad es una molestia opcional; sé que la mejor manera de responder a las jeremiadas rojas contra las estructuras de este horrible mundo capitalista es preguntar «¿comparado con qué?»; sé que pretenden que juzguemos a sus enemigos por las carencias de sus resultados y que les valoremos a ellos por la pureza de sus intenciones y lo excelso de su causa. Que toda su bondad es meramente declarativa y rara vez casa bien con sus acciones y peor con las consecuencias. Pero todo tiene un límite, todo lo absurdo vale hasta que se llega a la ‘punch line’, al momento del chiste en el que te da la risa.

Manifestarse contra la oposición es algo que solo puede darse en sociedades totalitarias. Sería una confesión de impotencia («no nos votéis, porque aunque gobernemos no podemos hacer nada frente al acoso de la derecha») si no supiéramos que es una llamada al exterminio de sus enemigos.

Pero volvemos a Maricarmen, la difunta beneficiaria de un piso frente al Retiro por una suma mensual irrisoria, administradora única y consejera de una empresa dedicada a la inversión en inmuebles y a la explotación de alquileres.

De mortuis nihil nisi bonum, bien por Maricarmen que supo jugar sus cartas en la vida. Pero construir un caso electoral sobre esos cimientos da para sospechar de una maniobra oscura de sus peores enemigos. Rasgarse las vestiduras por semejante caso ante una población que no puede salir de casa de sus padres porque su sueldo no le da ni de lejos para semejantes alegrías es sencillamente hiriente. Si lo que quieren es cabrear a la parroquia, creo que lo han conseguido. Ver dónde ha vivido Maricarmen durante décadas y lo que ha pagado por ello da para varias tomas de la Bastilla.

Pero eso sólo soliviantaría a una parte de la población, la joven y no tan joven, y les quedan los irreductibles búmers. Así que los socialistas se dedicaron a asustarles también a ellos con la reacción al caso seleccionado: hacer la vida imposible a los caseros. ¿Y qué sector de la población tiene más probabilidades de poseer un piso en propiedad? Exacto.

Los enanos no han hecho más que crecer en el circo socialista, y al poco de aparecer los disparatados decretos entendíamos por qué muchos diputados del PSOE ponían cara de circunstancias cuando se hablaba del caso. Porque basta rascar un poquito, casi nada, para ver cuántos tienen pisos en alquiler. Y luego nos enteramos del caso personal de la fogosa revolucionaria de boquilla que Sánchez eligió como portavoz, que tanto recuerda a aquel Alfonso Guerra que hablaba de «nosotros, los descamisados» vestido con una impecable camisa de Armani.

En este mundo sublunar todo tiene fecha de caducidad, y la propaganda no es una excepción. Hacia el final de la era soviética, los ciudadanos de países comunistas ya trataban la incesante propaganda oficial como la lluvia: incómoda, pero irrelevante.  

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