Los obreros se han vuelto de derechas
Los obreros se han vuelto de derechas
Por Xavier Rius
6 de agosto de 2025

El diario catalán La Vanguardia publicaba el pasado domingo a toda página: «España y la UE frenan los cayucos tras regar de millones a Mauritania». Al menos admitían lo de «regar». Era el tema estrella del periódico. Luego, de subtítulo, añadían: «La ruta migratoria de Canarias crece un 46% mientras la policía del país africano desmantela mafias e intercepta a 30.000 inmigrantes». En este caso reconocían lo de «mafias». Algo en lo que ha venido insistiendo desde hace años el colega Rubén Pulido. Más de un disgusto le ha costado.

En páginas interiores no conseguí encontrar lo que nos ha costado que el país africano haya endurecido su política de inmigración. Pero la propia crónica —fechada en Madrid, todo hay que decirlo— explicaba que «Bruselas riega con fondos financieros a países de Oriente Medio y África».

Es el segundo viaje oficial de Pedro Sánchez a este país situado entre el Sáhara Occidental y Senegal en un año. El anterior fue en julio del 2024. De hecho, tras los incidentes en Torre Pacheco, decidió irse a Mauritania en vez de a la localidad murciana. No deja de ser curioso. Aunque, en caso de haberlo hecho, quizá tendría que haber salido por patas como en Paiporta.

Esta vez se llevó a nada menos que a siete ministros: Sara Aagesen (Transición Ecológica), José Manuel Albares (Exteriores), Fernando Grande‑Marlaska (Interior), Óscar Puente (Transportes), Elma Saiz (Migraciones), Óscar López (Transformación Digital) y Luis Planas (Agricultura). España y Mauritania aprovecharon para firmar una declaración conjunta sobre transporte, seguridad social, ciberseguridad y parques nacionales. A ver si vamos a financiar también los parques nacionales. La mencionada declaración, cito un comunicado oficial de Moncloa, recogía la necesidad de fortalecer «las migraciones ordenadas, regulares y seguras», además de «la lucha contra las redes criminales relacionadas con la migración».

Cabe recordar, no obstante, que el año pasado ya se desplazó a la misma zona. Fue el ejemplo típico del Gobierno dando bandazos en el asunto. Primero fue a Mauritania y dijo aquello de que la inmigración era «una necesidad». Incluso se mostró a favor de acoger a 250.000 mauritanos. La tasa de analfabetismo en el país supera el 60%, según datos oficiales. O sea que casi seguro que no serían ingenieros. Dos días después, visitó Senegal y lanzó el mensaje contrario. Afirmó que era «imprescindible» el retorno de inmigrantes ilegales. Me imagino al equipo de opinión sincronizada intentando modular el relato.

El PSOE, no sólo el PP, debe sentir también el aliento de VOX en el cogote. El propio Santiago Abascal exhibió en su última rueda de prensa el sondeo de El Mundo según el cual el 70% de los españoles estaban a favor de las «deportaciones». En el caso del Partido Socialista, era el 50% de sus votantes. Hasta el 30% de los de Sumar estaban igualmente a favor.

Lo he dicho siempre: en esta materia la izquierda ha dejado huérfanos a sus electores que viven en barrios con mucha inmigración. Pero luego sus dirigentes se van a vivir a Galapagar, no a Parla. Puigdemont también se fue a Waterloo, no a Molenbeek. Y en Gerona vivía delante de un campo de golf. No en Salt.

Acuérdense de aquel trabajador que, en las elecciones de abril del 2019, fue interceptado por una tele ‘progre’ mientras cargaba una placa enorme a hombros. La escena está todavía colgada en el canal de YouTube del partido. «Yo solamente quiero que salga VOX», exclamaba para desespero del periodista: «¡Eres un currante, tío». Los obreros se han vuelto de derechas.

Porque, volviendo a Mauritania, sólo recordar que es una de las cuatro repúblicas islámicas que existen en el mundo junto a Irán, Pakistán y Afganistán lo cual, por cierto, tampoco transmite tranquilidad. No sólo eso, sino que, según la Oficina de Información Diplomática, «la esclavitud fue legalmente abolida en 1981». Tampoco hace tanto, la verdad, menos de cincuenta años. En efecto, el Parlamento mauritano aprobó en 2015 una ley contra la esclavitud «conforme a los estándares internacionales». La pena va de «los diez a veinte años de prisión». Menos mal.

Luego, en el apartado de «Relaciones culturales», la ficha del Ministerio de Asuntos Exteriores concluía que «existe en Mauritania un gran interés por la lengua y la cultura españolas debido a la relación histórica con Al Ándalus, los Almorávides, la vecindad con el Sáhara Occidental y la proximidad con las Islas Canarias». Lo dicho, tampoco invita a la confianza.

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