Modelo de crecimiento hacia el no ser
Modelo de crecimiento hacia el no ser
Por Hughes
28 de septiembre de 2025

Si se celebra un acto con las palabras acción, global y progreso, uno ha de temerse lo peor. La Cumbre de Acción para el Progreso Global reunió en Londres a organizaciones del ámbito progresista anglosajón, es decir, del mayor y más despendolado globalismo; los Laboristas británicos, que tienen el país como lo tienen, y el Centro Para el Progreso Americano, institución cercana a los demócratas, que han dejado EEUU como la han dejado.

En uno de esos paneles intervino Diego Rubio, el Director de Gabinete del Gobierno de Sánchez, mirlo blanco monclovita, y cantó La Traviata.

Si estamos acostumbrados a socialistas sin título, más burros que Cascorro, diciendo las mayores barbaridades de ingeniería social, qué no dirá alguien con estudios en Barcelona, Sorbona, Londres y Columbia. Con credenciales cosmopolitas y la legitimidad de origen de ser bueno y socialista. ¿qué límite tiene?

Por eso a Rubio, que para eso es Phd, no le detiene nada a la hora de imaginar el futuro. Es habitual que nos preguntemos por el crecimiento económico. España crece, dicen, pero la sensación personal es de empeoramiento, de estrechamiento. Ahora vamos sabiendo en qué consiste ese  crecimiento: en su mayoría, en crear puestos de trabajo para inmigrantes. Es un crecimiento basado en la llegada de personas, en un flujo humano continuo. Tarugos para una chimenea que produzca energía fiscal para mantener la máquina del Estado.

Según Rubio, así es como se crece y se va a crecer en el futuro. Las «sociedades abiertas» no son solo las únicas moralmente lícitas. Ahora, fusionando el dogma socialista con el liberal, diremos que son las únicas con futuro económico.

Parten del hecho innegable del hundimiento demográfico (y, parece, de considerar estable la tecnología en un instante en que se revoluciona). Un hundimiento que no han hecho nada por evitar. Al contrario, España ha sido punto neurálgico del nuevo feminismo y ya sabemos qué políticas sociales y familiares ha alumbrado el Partido Demócrata de los trans.

Si has estado negando la biología humana, es como mínimo hipócrita señalar la pirámide demográfica y encogerte de hombros.

Entregada, por tanto, la natalidad a la fatalidad, sin luchar al menos a la manera de Orban para mejorarla unas decimillas, se sienten libres de abrir el paso a la inmigración, pero no con prudencia, para compensar esa caída demográfica, sino batiendo récords poblacionales. Así ocurre en España (rondamos los 50 millones) y en el Reino Unido. No es que traigan unos inmigrantes para cubrir un «gap», es que traen 700.000 al año. Desde el Covid han apretado el acelerador.

Y se crece (poco) porque se dispara la población, se crece a base de ir trayendo gente.

Traer cientos de miles de trabajadores al año a bajo coste es un chollo, al menos para algunos. Si yo tuviera un negocio y cada mañana encontrara en la puerta mil personas pidiendo trabajar, estaría contento, sobre todo si los perjuicios no recaen en mí.

La primera parte de este proceso de décadas fue externalizar la industria occidental y mandarla a países pobres. Nos quedamos entonces con los servicios. La cosa no queda ahí y ahora hay que importar millones de personas para ese sector. Externalización e inmigración.

La confesión de Rubio es reveladora: la inmigración es imparable porque es el ingrediente del crecimiento, la base del modelo elegido. La inmigración no es complemento, es el argumento. Energía renovable (verde) y población renovable (no entraremos en colores). La demografía cumple el papel del calentamiento global. La natalidad se deja morir como variable fatídica inalterable, fundamento apocalíptico que permita lo excepcional…

El inmigrante que llegue cargará, por tanto, con una gran responsabilidad. No solo la personal de buscar la felicidad. Se le hace agente del crecimiento, pero su llegada, que traerá tiranteces, exigirá, y así se promete, políticas sociales que alguien deberá pagar. ¿Producirá ese inmigrante tanto crecimiento como para pagar sus gastos sociales?

No hay tantas evidencias de que eso suceda y podría depender de qué inmigrante sea, en qué sector, en qué país…

Hemos de creer aquí a la Mano Invisible que además ahora es Mano de Diversidad y de Humanitarismo Global, ¡como para equivocarse esa mano enguantada! Es la Mano Global (vienen a la memoria aquí los inmortales y prescientes versos de Remedios Amaya, que algo se olía: «Ay, quién maneja mi barca, que a la deriva me lleva»…).

Esta semana premiaron a Pedro Sánchez. En España le persigue el juez Peinado; en el mundo le persiguen los globalistas para ponerle medallas. Bill Gates lo condecoró como campeón mundial de la Agenda 2030. Pero Bill Gates es un tibio. El plan va más allá. Muñoz participó en el Plan España 2050. La frase «A España no la va a reconocer ni la madre que la parió» la dijo Alfonso Guerra en el 86. Conque imaginen en 2050 cómo va a estar..

El futuro está diseñado. España es el país de más entusiasta aplicación de las políticas progresistas globales. Es laboratorio de esas «incubadoras» de ideas. Es la labor histórica del PSOE, que ya lo hizo hace 50 años. Somos el Plan 2025 de un antiguo PSOE que abrió España a la feliz convergencia europea que nunca llegó, y Sánchez, no lo olvidemos, empezó su carrera en Nueva York y con la ONU en Yugoslavia, contactos que quizás expliquen su chulería interior.

El PSOE y las élites españolas están entregadas por completo a lo posnacional (aunque vendrán ahora unos liberales a decir algo de las pensiones). Lo están en la política interior, donde se trama el confederalismo y se pactó con la ETA y los golpistas catalanes. Y lo están en las orientaciones políticas definitivas. El Estado lo deshacen por abajo y por arriba (aunque sin aflojar la presión fiscal) y la nación la diluyen política y demográficamente. Los países son meras circunscripciones fiscales donde entra y sale gente para producir «crecimiento».

No se piensa una economía para la población. Al revés. La población (una variable más) se modula y reconfigura para la economía, que ya viene determinada por una política monetaria (que no controlamos) y unos movimientos financieros transnacionales.

(Si se crea dinero como si fueran papelillos y los flujos de capital van y vienen, la gente tiene que moverse a similar ritmo. Tienen que venir a dar pedales al son que marca lo financiero).

El elemento poblacional se hace líquido, variable o moldeable, y se «financiariza». La labor de los progresistas es dar cobertura ideológica y religiosa a esos movimientos. Esto generará enormes problemas, que ya se ven, radicalismos, tensiones, y para eso, como en una profecía autocumplida, necesitaremos las «políticas sociales y progresistas». Al abrir las puertas (premio Goalkeeper le han dado a Sánchez) no solo traen «crecimiento». Se traen su clientela, su radicalismo espejo y su problema.

Ese Modelo de crecimiento y desfiguración, ya casi un desvarío de ciencia ficción, es un paso desconocido en la historia, una obra de ingeniería en el vacío pero es el camino que ha tomado eso que llamamos Occidente. Llevan décadas así. Lamento que algunos se hayan enterado ahora (en la medida de lo posible, vuelquen su frustración con sus seres más cercanos). Es un modelo posnacional consistente en dar por perdida la demografía y traer inmigrantes en cantidades industriales; o mejor dicho, en cantidades financieras.

Avisó Trump en la ONU esta semana sobre ese Occidente, la Europa suicida de la economía verde y la inmigración masiva de la que España es paladina. Normal que todas las informaciones sobre Trump en los medios españoles sean, desde 2015, pura intoxicación delirante.

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