Mientras se dirime el orden mundial del siglo XXI (lo siento, ya avisamos que no era el siglo búmer ni sus coordenadas pueden explicar nada más que un pasado idealizado) y Vallés pontifica sobre el derecho internacional cuando los primeros presos políticos salen en libertad de prisiones venezolanas, Sánchez pone alfombra al golpismo que indultó y luego amnistió. Mientras los ojos se nos van a Washington, Groenlandia y Caracas, Junqueras logra un acuerdo de financiación con el Gobierno que supondrá 4.700 millones para Cataluña.
Por si no lo sabían, Sánchez no tiene ninguna intención de abandonar el poder y comienza el nuevo año tal y como acabó el pasado: rindiendo pleitesía al golpismo. Habrá reunión con Puigdemont, aunque la primera se la concede a ERC. Junqueras llegó ayer a la Moncloa, con ese aire de obispo separatista que tanto gusta en la COPE, para sacar más tajada y confirmar que en 2026 Cataluña ya recauda y gestiona la totalidad del IRPF. Rufián hace los chistes y Junqueras las cuentas, así los españoles ríen mientras les roban.
Esta nueva financiación consagra y acelera el proceso perverso según el cual las comunidades pobres pagan la fiesta a las ricas. Las pobres, ya lo vimos en Extremadura, votan mal y son gentes atrasadas, como de otra época. A este sistema —pura ley de la selva— lo llamaron «café para todos» durante la Transición quienes ahora levantan el dedito por la imposición de la ley del más fuerte en el mundo mientras callan la de aquí.
Nuestra bumerada de peluca y trompeta dirá —con esa capacidad de análisis marca de la casa— que el 78 es lo mejor que le ha pasado a España en su historia. Lástima, qué le vamos a hacer, lo del separatismo, ellos se lo pierden, pues una de las máximas del régimen es negar que las oligarquías secesionistas sean las grandes ganadoras del proceso. ¿Acaso venía tal cosa en los documentales de Victoria Prego? Hoy ETA no existe, Cataluña ya está pacificada y la ultraderecha que prohíbe a los fondos buitre especular con las viviendas unifamiliares supone el mayor peligro para nuestra democracia.
Casi peor que los Junqueras y Rufianes son los caciques autonómicos revestidos de regionalismo. Moreno Bonilla lamenta que el partido de Puigdemont haya dejado de lado el catalanismo integrador (sic), ya que cuando ha habido un partido catalanista que ha querido construir (sic), sí lo hemos hecho (sic). Moreno se refiere (sin mencionarlo) a la época dorada que encarna Jordi Pujol, quién sabe si en homenaje a cuando escribió que el andaluz es un hombre poco hecho, incoherente, anárquico, destruido, que vive en un estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual.
Es probable que no haya mejor resumen de los últimos 50 años de cesiones al separatismo que ver a un andaluz arrodillándose ante un catalán que le desprecia. Y entre ambos, un Estado que se ha convertido en el mayor enemigo de la nación.