Morrissey en Valencia
Morrissey en Valencia
Por Hughes
13 de marzo de 2026

Que Morrissey, el cantante de los Smiths, cancele un concierto no es novedad. Nos toca más que sea en Valencia y por una razón muy valenciana: el ruido de las fallas, incluso cuando las fallas no han empezado del todo.

Morrissey fue alojado en un céntrico hotel valenciano de tan privilegiada ubicación que tenía aneja una carpa de música electrónica activa hasta la madrugada. Privado de «cualquier forma de sueño debido al ruido, el tecno y los megáfonos», unsleepable friend, quedó en «estado catatónico». Por si fuera poco, por la mañana le estaría esperando un encuentro fallero de bandas de música.

Imagínense a Morrissey, sin dormir, con Paquito el Chocolatero atronando y los petardos alevosos de la despertà

Natural que hablara de «Infierno indescriptible del que me llevará un año recuperarme, y eso quedándome corto».

Morrissey decepcionó a los fans pero también los respetó porque cumplió su función de denunciar la realidad infernal en la que vivimos. Morrissey nos habría decepcionado si hubiera aguantado esas condiciones que a nosotros no nos queda otra que soportar y diera el concierto poniéndose luego la camiseta del Valencia.

No. Morrissey no decepciona y mantiene la sensibilidad intransigente de llamar inferno al infierno, y no es otra cosa que infierno lo que nos rodea, en este caso un dispositivo municipal de carpa, traca y matraca. ¿Le vamos a culpar? ¿Cuántas veces no nos pasó a nosotros? Pero nosotros teníamos las canciones de Morrissey para huir y él solo puede cancelar.

Tengo familia que se ha quedado con la entrada en la mano y, consultados, piensan como yo. El ídolo tiene razón. Entre la patria chica y el ídolo, el ídolo siempre.

Nosotros no podemos evitar ser de aquí y tener que sufrir estas condiciones abominables, pero Morrissey no, y amamos a Morrissey por habernos permitido huir de todo esto de un modo malhumorado y dulce, una evasión autoindulgente que destilaba nuestro desprecio…

Nuestra ridícula altivez depende de él. Y el ídolo sigue en pie. Sigue plantándose ante lo inaceptable. El único capaz de decir que estamos rodeados de idiotas, o que (hace mucho) Inglaterra se pierde... Si Morrissey hubiera aceptado la atrocidad en forma de carpa electrónica fallera, hoy unos seres queridos estarían cantando «First of the gang to die» pero yo, decepcionado, repetiría come Armageddon, come Armageddon, come.

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